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morfología urbana

 

La ciudad de Lleida está situada al abrigo de un monte escalonado, en el lado derecho del Segre, a 155 m de altitud. Es la capital de la provincia del mismo nombre, la más extensa de Cataluña, que comprende casi toda la parte continental. Este carácter de capital de las tierras interiores ya lo poseía en la edad media, como es la expresión elocuente en un pasaje de la Crónica de Ramon Muntaner: " Barcelona es la cabeza de Cataluña en la Marina; en la Tierra Firme, Lleida". Ninguna otra altura de la ribera del Segre no ofrece condiciones tan adecuadas para el establecimiento humano como la acrópolis de Lleida, que domina el valle del río y que, bien aislada, es casi inexpugnable; por ello, el pueblo pre-ibérico que se estableció, pronto sobresalió entre los de los cerros vecinos. La cima del cerro del Castillo, base de la ciudad primitiva, es como una pirámide truncada, con tres escalones rocosos bien pronunciados que mencionan los documentos medievales: la Roca Soberana, donde está la Suda; la Roca Mitjana, donde está la Seu Vella, y la Roqueta, entre el baluarte de Louvigni y el baluarte de la Llengua de la Serp. Sobre estas tres rocas se fue formando la ciudad antigua. Su estructura, plataformas de inclinaciones suaves hacia poniente, favoreció el crecimiento de la ciudad en esta dirección, que es la más accesible. Entre las vertientes de la Llengua de la Serp y los de la costa de Rodamilans, sobre Sant Martí, descendiendo desde la Roca Mitjana, se forma una explanada antaño llamada el Pla de los Gramàtics, a causa del Estudi General que fue fundado en 1300, y actualmente llamada el Pla de l’Aigua, ya que desde el siglo XVIII contiene el gran depósito de agua potable que surtía la ciudad alta y que modernamente se mantiene como depósito de reserva. El llano citado es el centro de distribución de las aguas que descienden del monte del Castillo hacia poniente, que toman tres direcciones: la primera hacia el N, dando origen a las calles de la parroquia de Sant Martí; la segunda hacia poniente, prolongación de la vía central que subía a la Seu por la actual calle de la Tallada, formó el llano de Sant Llorenç; y la tercera dirección, la más importante, desciende por la calzada que en la edad media era el Romeu y hoy es la calle de Caballers, que comunicaba el casco antiguo de la ciudad con la calle Major y que sigue la orilla del Segre. La vertiente de poniente del cerro, frente a la costa de Sant Martí, se llamó desde antiguo partida del Sas, tomando el nombre de la puerta del Sas, que fue construida, en época ibero-romana, en la cima de la Roca Sobirana; de esta puerta partía el camino de Tamarit. La pendiente NE del monte era aún más dificil; aún así subía un camino hasta la ciudadela, que por el portal de Predicadores llevaba a Corbins y Balaguer. El río no permitió que se desarrollara un gran espacio urbano en la falda S del monte, sector donde se formó una casería apretada, con calles estrechas, tortuosas y empinadas, entre Sant Andreu, Sant Joan y Magdalena. En cambio, los caseríos de los llanos de Sant Llorenç y Magdalena pudieran evolucionar libres de estrecheces y trabas; la primera se extenderá hacia el valle de Gardeny, el plano de Puigbordell y la partida de Vallcalent. El arrabal de Magdalena, además de estar expuesto al peligro que han comportado las riadas, ha sido casi destruido en cada uno de los sitios que ha sufrido la ciudad a lo largo de su historia. Y que no han sido pocos.

La superficie de la ciudad actual, el ensanche de la cual se extiende por todo el llano en torno al monte del Castillo, que es el centro, no es el mismo de la huerta antes de que se derribaran las murallas medievales. Cuando esto ocurrió, los mismos escombros de los derribos se usó para rellenar los vados y valles de su trazado, de tal manera que, donde antes sólo había terrenos y huertos de desnivel pronunciado, ahora hay avenidas como la de Catalunya, el paseo del Born o la rambla de Ferran, pendientes tan pronunciadas como la de Puigbordell están cubiertos de edificios, que se prolongan hasta la realización urbana más ambiciosa: el gran paseo de Ronda, que da la vuelta a poniente por el Puente Nuevo y hasta la calle del Príncipe de Viana, salvando desniveles y absorbiendo zonas altas como el Campo de Marte y los arenales de la Magdalena. A la izquierda del Segre se encuentra el antiguo arrabal del Cappont. Cabe destacar, entre otras realizaciones urbanas, la canalización del Segre (1995) y la creación de un gran parque urbano: el Parque Municipal de la Mitjana.

 

La Lleida vieja y monumental

 

La ciudad antigua de Lleida, en las laderas meridionales del monte del Castell, está formada por varias parroquias y barrios que estaban incluidos dentro del recinto de la antigua muralla, de la que hoy sólo quedan algunos vestigios. Estas antiguas parroquias son las de Sant Martí, Sant Llorenç (dentro de la cual estaba la Morería), Sant Andreu (dentro de la cual estaba el barrio de la Cuirassa o judería, y el Romeu, o antiguo barrio mozárabe de la Lleida musulmana), Sant Joan y Magdalena. Los antiguos barrios de la Suda y del Canyeret, que estaban adscritos a la parroquia de la Seu Vella, han desaparecido. Modernamente, el centro histórico de Lleida presenta dos caras bien opuestas. Por un lado, la vitalidad comercial y de servicios (sobre todo de la administración) de la parte baja del centro histórico, representada en la calle Major y sus prolongaciones (calle de San Antonio, plaza de la Sal, plaza de Sant Joan, calle Magdalena y la calle del Carme). Por otra, la degradación de la parte alta de la ciudad, de topografía irregular y pendientes elevadas, en gran parte articulada por la calle de los Caballers y también por la calle de la Palma. Sin embargo, durante las últimas décadas del siglo XX el núcleo histórico de Lleida ha sido testigo de una notable remodelación.

 

El antiguo barrio de la Suda

 

Los límites del barrio de la Suda comprendían, además de la colina donde se alza el viejo alcázar sarraceno que dio nombre al barrio, las rocas Sobirana, Media y la Roqueta, como también, por extensión, la costa que modernamente se llamará del Canyeret. Del castillo del Rey bajaban dos calzadas: la de poniente hacia el portal del Sas y la del NE, en la que confluía la calle del Palacio del Obispo (hoy baluarte de Pilat). El barrio de la Suda ya existía durante la dominación árabe, cuando era residencia de los notables y de la alta jerarquía musulmana y, desde la conquista cristiana, se convirtió en el lugar preferente de las dignidades eclesiásticas y del clero en general, que se establecieron sobre todo después de la construcción de la Seu Vella (1203-78). Mientras se construía la catedral fue levantado el conjunto de edificios que había frente a la Suda, a cobijo de la Sala Capitular, la Casa de los Canónigos o Canonja, la Degania o Priorat, la Almoina y otras dependencias que mencionan los documentos medievales: la Casa de la Obra, la Casa de los Entremeses, etc. Así , el barrio de la Suda se convirtió en un barrio levítico por excelencia, donde el clero gozaba de inmunidades y privilegios que la hacían invulnerable . El barrio de la Suda contenía varias construcciones de interés, pero pocas han llegado hasta la actualidad. Destacan dos; por una parte, la Suda, el viejo alcázar sarraceno, posteriormente modificado y convertido en el castillo del Rey y, aún después, en lo que hoy se llama Castillo Principal. De la antigua Suda árabe parece que no queda en pie casi nada. Era un castillo construido por valí Isma ı el Banu Qasi el 882 con fines defensivos, fue muy modificado y convertido por Ramon Berenguer IV y por Jaume I (que hizo sustituir las cubiertas de madera por bóvedas de piedra, como está explicado en su Crónica). De este castillo del Rey medieval se conserva el ala de mediodía, formada por un cuerpo alargado, con contrafuertes en la parte interior, y en el exterior defendido por varias torres rectangulares que se destacan, del tiempo de Pere el Ceremonios. Este rey reforzó, además, las torres ya existentes. Pere el Ceremonios hizo construir también lacapilla real (que se derrumbó en 1812 por la explosión del polvorín, durante la guerra del Francés), que estaba decorada con pinturas de Ferrer Bassa. A partir de Martín el Humano, el castillo del Rey ya no fue habitado por los soberanos; aún así, en tiempos de Joan II se hicieron algunas obras defensivas. En tiempos de Felipe IV de Castilla, durante la guerra de los Segadors, el maestro de campo Saint- Pol empezó unas obras de fortificación inspiradas en las del francés Vauban, obras que prosiguió en 1707 el conde de Louvigny, el cual cerró todos los pasos de la Suda y adaptó bélicamente los cuatro baluartes, de la Asunción, de Louvigny, del Rey y de la Reina, en torno a la antigua fortificación. A poniente estaba la puerta de acceso, con foso profundo y puente levadizo. A principios del siglo XIX el castillo del Rey tenía tres naves en torno a un patio porticado y de una galería con arcadas que miraba al Campo de Marte, y la fachada principal a Gardeny. La explosión, ya mencionada, de 1812, derrumbó una gran parte de la antigua fortaleza. En 1928 fueron desmontadas las bóvedas góticas del ala de mediodía, ya que se temía que se derribaran; ese mismo año se levantaron unos planos que se conservan en el Museo Militar del castillo de Montjuïc de Barcelona, y en 1931 el conjunto fortificado del Castillo Principal fue declarado monumento nacional. En la guerra civil de 1936-39, una nueva explosión (1936) reventó el ala de poniente de la fortaleza y el puente levadizo. Entre los acontecimientos que han tenido lugar en la Suda, además de celebrarse se cortes varias veces , cabe mencionar que en 1150 se esposaron Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV de Cataluña, que Fernando, el de Antequera, dictó la sentencia contra su rival Jaume de Urgel, y que este conde , el “Dissortat”, estuvo preso en 1413. Las fortificaciones levantadas en los siglos XVII y XVIII rodean el monumento más emblemático de Lleida, la Seu Vella. Preside la ciudad desde su elevado emplazamiento en la Roca Mitjana, y su campanario se ha convertido en punto central, en la cima de la ciudad actual, cuando ésta se ha extendido hacia nuevos arrabales de la colina de la Suda.

 

La Seu Vella de Lleida y otros edificios de interés en el barrio de la Suda

 

Según la tradición (confirmada por las investigaciones documentales), la Seu Vella de Lleida, que estaba dedicada a Santa María, fue construida, sobre la Roca Mitjana, en el lugar donde había estado la antigua mezquita musulmana. Un documento del 1206  fechado poco después de comenzadas las obras de la Seu) del Libro Verde de la Seu, que dio a conocer el canónigo Juan Ayneto, dice que el solar donde se construyó la catedral había sido cedido por el obispo Gombau de Camporrells. Este hecho, sabiendo que después de la conquista el obispo de Lleida recibió de Ramon Berenguer IV todas las mezquitas de la ciudad, hace admitir que la tradición popular tiene alguna posibilidad de verosimilitud. La primera piedra de la catedral vieja fue puesta el 26 de julio de 1203 por el obispo Gombau de Camporrells, con asistencia del conde rey Pere I, de Ermengol, conde d’Urgell, del canónigo Berenguer de Obició, procurador de la obra de la Seu, y del arquitecto o maestro de obras Pere Sacoma (de Coma, como consta en la lápida que lo conmemora). Según Joan Bergós, es obra de Sacoma la disposición general de la obra y su construcción al menos hasta el comienzo de las vueltas de las colaterales. La finalización del edificio correspondió a Pere de Prenafeta, cuando ya era manifiesta la transición del románico al gótico. Consagrada el 31 de octubre de 1278, la Seu Vella es una obra muy unitaria. La planta es basilical, de tres naves, con un amplio transepto, con cimborrio en el crucero, y cinco ábsides a levante. De este ábside quedan cuatro y sólo el ábside central y del ábside septentrional pertenecen a la obra original, mientras que los ábsides más meridionales fueron reconstruidos en el siglo XIV en estilo flamígero. El monumento, que es una obra maestra del llamado románico leridano, contiene numerosas soluciones góticas, producto de la época de transición en que fue edificado. Así, mientras que los ábsides se cubren con bóvedas de cuarto de esfera, las bóvedas de las naves y del transepto son de crucería. La conjunción de los dos estilos está especialmente conseguida en el cimborrio, que tiene los elementos tradicionales del románico, pero la altura, la planta octagonal y los ventanales son góticos. En contraste con los edificios románicos, la Seu de Lleida está muy bien iluminada: la nave central por ventanales abiertos directamente al exterior, sobre las arcadas ojivales que la separan de las colaterales y, además, por el gran rosetón de la fachada que da al claustro; las laterales tienen ventanales de medio punto y también los hay en los brazos del crucero. Aparte de que el monumento es interesante por su propia estructura, similar, pero mucho más unitaria, a la de la catedral de Tarragona, de la Seu Vella de Lleida también son destacables los capiteles esculpidos del interior, pertenecientes a la escuela leridana, como la escultura que ornamenta la cornisa, las arquivoltas, y los capiteles de las puertas, de las que se destacan la de los Fillols y la de la Anunciata (llamada en el siglo XV portal de las novias). Esta escultura, de una gran unidad estilística, y de clara filiación con la escultura provenzal románica , ostenta una gran diversidad temática: hay capiteles de tipo corintio, otros con escenas bíblicas y evangélicas, los evangelios apócrifos, motivos de ornamentación arábiga y escenas profanas como danzas, trabajos agrícolas, combates, cacerías, etc., Así como imágenes simbólicas de vicios y virtudes. Dentro de la Seu se han encontrado pinturas románicas medio tapadas en el presbiterio, sobre la puerta de la sacristía nueva y en una capilla hundida en el muro de la fachada principal. También el crucero, cerca de la capilla de Santa Petronila, ante la capilla de los Gralla. El claustro está situado a poniente, frente a la fachada de la iglesia; rectangular, es de grandes proporciones, con naves de cinco tramos y grandes ventanales calados que se abren al patio central y también al otro lado de la galería sur, magnífico mirador de la ciudad . El ala más antigua es la de cerca del templo, y parece que fue iniciada por Berenguer de Prenafeta en el tercer cuarto del siglo XIII. Después la obra se interrumpió y no fue proseguida hasta el 1334, con soluciones ya netamente góticas y finas tracerías en los ventanales. Se accedía por el portal de los Apóstoles, de la segunda mitad del siglo XIV, donde había un apostolado hoy destruido obra de Guillem Solivella que estaba presidido por la magnífica imagen de la Virgen del Blau, del siglo XV, hecha por Jordi Safont (se conserva en la sacristía de la Catedral Nueva). La catedral fue enriqueciendose con capillas y altares: la capilla de la Purificación, fundada por Bernardo Gralla, la de las Nieves, la de San Pere o de Moncada (donde están los sepulcros de Ot de Montcada y su mujer), la de la Concepción, erigida por el obispo Ferrer Colom (muerto en 1340), la de Requesens (que hizo construir Guerau de Requesens, 1380-99, dedicada a la Epifanía), de las mejores realizaciones del gótico en Lleida, la capilla de Jesús, fundada por el obispo Arnau Sescomes en 1334, entre la puerta de los Fillols y el claustro. Y finalmente las de Sant Erasme y Sant Vicenç, y del Santísimo. Ultra los gastos del capítulo, los fundadores de beneficios y capellanías contribuyeron a decorar y enriquecer el templo. El 1392 Joan de Sant Amat hacía los cristales para los rosetones; el 1341 Jaume Bassa pintaba los altares de la capilla de Moncada, y Ferrer Bassa los retablos de Sant Pau y de Sant Joan, mientras que en 1366 Bartolomé Rubio trabajaba en el retablo mayor, de alabastro, acabado en 1380. Mientras se construyó la soberbia torre del campanario de Lleida, a partir del 1364 , y dirigió las obras Jaume Cascalls. Según el Libro de la Obra ya mencionado, a finales del siglo XIV era muy avanzado y en 1392 trabajaba el maestro Seguer; en 1410, el maestro Solivella, y Carles Galtés, de Rouen, acaba el cuerpo grande en 1414 . En 1416 el maestro Carlí trabajaba en el coronamiento . Con la construcción del campanario, la Seu de Lleida quedó definitivamente lista. Las obras que seguirán posteriormente se convertirán en secundarias y la distinción de sus estilos no desvirtuará la armonía del monumento, que, observado desde la ciudad , es también un maravilloso equilibrio: su horizontalidad realza la verticalidad del campanario,

esbelta torre de 70 m de altura. Así se explica por qué fue emplazada en el lugar que por su topografía exigía más dificultades de cimentación y mayores gastos. Estas obras secundarias son las siguientes: En primer lugar, y perteneciente al gótico flamígero, el pórtico que hay entre las capillas de Sescomes y de Requesens para proteger la puerta de los Fillols, los escultores Bartolomé de Bruselas y Esteve Gostant, contratados por el capítulo en 1386; las sepulturas de Berenguer de Barutell y de Berenguer Gallard; la puerta de la sacristía nueva, incendiada en 1490, y la que comunicaba la antesala capitular con esta dependencia. De un gótico decadente, influido por el Renacimiento, además de la capilla de Sant Joan citada, está el Coro Nuevo (1491) y el gran pórtico de los Apóstoles, sobre las gradas mayores de la Seo, obra de Francesc Gomar, que había sustituido Bertran de la Borda en las obras de la catedral. Ya del siglo XVI, y plateresca, es la capilla de Santa María la Antigua, situada en el claustro, del cuerpo superior de la que sólo quedan vestigios. Está atribuida a Diego Morlanes, discípulo de Damiá Forment, que trabajaba en 1525. Más sencilla es la puerta de la antesala capitular al claustro. En la capilla de Montserrat se encuentra el sepulcro renacentista de Francesc de Moncada y de Lucrecia Gralla, de finales del siglo XVI. Las mejores obras del barroco eran el altar de Santa Tecla , trasladado a Sant Andreu en 1654, y el de Sant Pere, que permaneció en la Catedral Nueva hasta 1936. Ya a partir de las guerras de Felipe IV, la catedral empezó a rodearse de fortificaciones. En 1644 fue construida una pared de tapia tocando al ábside mayor, que impedía el paso en torno al monumento. Poco a poco, la Seu fue perdiendo el contacto con el pueblo, ya que éste, desde que fue autorizada la recepción de los sacramentos del bautismo y del matrimonio en las iglesias parroquiales, apenas subía. De modo que, cuando Felipe V ocupó la ciudad y el conde de Louvigny, por orden suya, la convirtió en cuartel, la catedral ya era casi un templo abandonado por los feligreses. El capítulo se vio obligado a salir a toda prisa y trasladó el culto, primero, en la iglesia de la Compañía de Jesús y, después, a Sant Llorenç, donde permaneció setenta años. Los canónigos trabajaron incesantemente para recuperar el templo y confiaban en la devolución, ya que no sacaron los enseres litúrgicos hasta el 1749, que también bajaron el venerado Santo Crucifijo de los Claustros. El tiempo en que el canónigo Finestres escribía su Fragmento histórico (1754-60) aún no habían mutilado el edificio. A Antonio Ponz , que lo visitó durante el gobierno de Blondel (1785-94), le causó muy mala impresión de ver el monumento en manos de la soldadesca y se dolía ante la urna donde estaba enterrado el rey Alfonso III. Francisco de Zamora también hizo elogios de la arquitectura. No sirvieron los lamentos, sin embargo, y cuando Lleida ya tenía catedral nueva, la Seu Vella, olvidada de todos, fue partida en dos pisos, las arquerías del claustro fueron tapiadas y se abrieron ventanas y puertas allí donde convenía sin preocuparse del monumento; se levantaron tabiques, se enlució, trocearon los relieves de los capiteles, etc . La guerra de la Independencia aún causó más daños en el edificio, ya que una explosión en el castillo de la Suda produjo la pérdida de un campanario románico y de la capilla de los Gralla (situada en el absidiolo más septentrional). Con el Romanticismo se inició la revalorización del monumento. Piferrer hizo una hermosa descripción y Parcerisa varios grabados. En 1912 se colocó en el campanario la célebre oda Al campanario de Lleida, de Morera y Galicia. En 1918 la Seu Vella era declarada monumento nacional y en 1926 fue promulgado el decreto de conservación tan pronto como dejase de ser utilizada como cuartel. La recuperación no se inició hasta 1947, que fueron derribados los pisos añadidos, y en 1949 comenzaron las obras de restauración bajo la dirección del llamado Patrimonio de Defensa Artística de Levante y del arquitecto Alejandro Ferrant, que siguió un orden racional que ha permitido una reconstrucción perfecta, obra que se aceleró aún con la intervención de la Dirección General de Regiones Devastadas . Actualmente, las planificaciones urbanísticas de la ciudad de Lleida se esfuerzan por recuperar el recinto. Un paso adelante en este sentido han sido las tareas encaminadas a facilitar los accesos. De la plaza de Sant Joan parten unas escaleras mecánicas que permiten enlazar el sector del Canyeret con el ascensor que sube hasta la Seu y desde el que es posible observar una buena panorámica de la ciudad. Fue inaugurado en septiembre de 1992. Emplazados en el antiguo barrio de la Suda hay otros edificios de interés como la Casa del Arcediano de Terrantona, que aún existía en el siglo XVII, el Colegio de Domingo Ponce (1371), la enfermería de los Canónigos, varias capillas, el Hospital de los Beneficiados, etc., Emplazados en la desaparecida plaza de la Suda y hoy inexistentes. En dicha plaza comenzaba la escalinata de la Seu, que debía ser monumental según las noticias del archivo. En la cima de la Roqueta, hoy llamado la Llengua de Serp (desde donde se divisa un bello panorama hacia el Segre), había las calles de Montcada y de Òdena, donde se erguían el Palau de Moncada, la casa del Decano o Degania, la Cancillería del Estudio (reformada en 1484, donde se conferían los grados universitarios), Hospitalet de los Curas (1646 ocupado por las monjas Bernardino de Sant Hilari) y el Colegio de la Concepción (fundado en 1559 por el obispo Despuig). El llano de la Roqueta estaba reseguido por lo que los documentos llaman muro antiguo de piedra (que aún muestra grandes sillares romanos), muro que en 1300 era el límite de la zona donde podían residir los estudiantes de la universidad . Este muro iba desde el portal de Sant Andreu, bajo la Llengua de Serp, hasta el terraplén donde se ubicaba el Palacio del Obispo y las casas de las pavordías y los establos episcopales, desde donde subía una calle por la costa de Sant Joan o del Palau (actualmente del Canyeret) hasta las gradas de las puertas de los Fillols y de la Anunciata de la Seu. Finalmente, el muro antiguo de piedra giraba bajo el Palacio del Obispo y enlazaba con las torres de Magdalena y de Besora, junto al portal de Predicadors, donde había, desde el 1227, un convento de dominicos.

 

El barrio del Canyeret

 

El desaparecido barrio del Canyeret, que se formó en el siglo XVIII , estaba situado en la costa de Sant Joan, y se constituyó a partir de la antigua calle de Bardina (documentado en 1424 y que posteriormente se denominó calle del Canyeret), el que recibía el nombre de aquel linaje de repobladores. Había edificios notables como los de la Casa Desvalls, magnífico caserón renacentista donde se situó el llamado Seminario de la Rodola, cuya fachada destruyeron los encargados de la limpieza de Lleida posterior a la guerra civil de 1936-39, los Boixadors, los Comenges y otros. La mayor parte de estos edificios notables fueron derribados con motivo de la construcción del Castillo Principal o ciudadela. Posteriormente surgió el nuevo barrio del Canyeret, adscrito a la parroquia de la Seu Vella. De calles estrechas y empinadas, el barrio estaba formado por casas de barro y cañas, formando uno de los espacios más degradados de la antigua ciudad de Lleida. Durante los años 1960 comenzó su derribo, que finalizó totalmente en 1970. Los habitantes fueron trasladados progresivamente a alojamientos provisionales hasta su instalación definitiva . Algunos de ellos permanecieron dos o tres años en la Cárcel Vieja de Lleida, hasta que fueron trasladados a unos barracones prefabricados dispuestos por el Instituto Nacional de la Vivienda para acogerlos. Estas edificaciones son el precedente de los bloques Juan Carlos en el polígono de Santa María de Gardeny, construidos durante los primeros años de la década de 1970. Desde 1970 en el Canyeret quedó un espacio vacío y problemático, ya que en el periodo de la transición política quedó poco definida su situación. A mediados de los años 1980 pasó a depender del ayuntamiento y se iniciaron las actuaciones. Más recientemente se ha construido una zona de parque (Parque Màrius Torres) y también un complejo de edificios que contiene los nuevos juzgados y el ascensor que permite el acceso a la Seu Vella. Los juzgados, con fachadas de mármol blanco, son quizá lo que más caracteriza actualmente al Canyeret.

 

Sant Andreu

 

La parroquia de Sant Andreu se extendía bajo el baluarte de la Llengua de Serp, desde el portal de Sant Andreu, por la cuesta de Sant Andreu . El límite occidental de la parroquia era la calle de Caballers. A tramontana, el límite con la parroquia de Sant Martí era el torrente que, por el portillo de Bonaire, pasaba por la calle de Joglars y seguía por las Escuelas de Leyes. La calle Major formaba el límite meridional. En la parroquia habitaban sobre todo agricultores, artesanos y jornaleros, como las parroquias vecinas de Sant Llorenç y de Sant Martí. El antiguo edificio parroquial fue destruido durante la guerra de Sucesión por causa de una gran explosión (1707) que dañó también muchas casas de la parroquia. La nueva iglesia parroquial de Sant Andreu, barroca, fue consagrada por el obispo Galindo en 1754; está situada en la cima de la calle de Caballers. Dentro de la parroquia de Sant Andreu, bajo el antiguo templo, estaba el barrio de la Cuirassa o judería. Los judíos vivían en las calles de la Judería, de la cuesta del Jan y en la Plaza Real (hoy del Seminario Viejo, porque estuvo el colegio universitario de la Compañía de Jesús entre el 1603 y el 1767). El call, por la calle escalonada de la costa del Jan, bajaba hasta la calle Major. Amurallado, había sido construido sobre unas curtidurías de época romana y estaba situado a levante de la calle de Caballers. Tenía dos accesos: el Portal Rodó en lo alto y lo que había en el extremo de la calle del Voltor (hoy de San Cristófol), cubierto en su confluencia con el Romeu. El nombre del barrio judío deriva de la Cuirassa, antigua fortaleza árabe que había, quizás de origen romano.

 

el Romeu

 

El Romeu es el antiguo barrio cristiano o mozárabe de la Lleida musulmana, y el nombre se conservó después de la conquista. Comprendía la zona urbana entre la calle de Caballers, llamado en el siglo XIII el Romeu, y las travesías que llevan las aguas vertientes hacia la parroquia de Sant Llorenç. En parte dentro de la parroquia de Sant Andreu, el Romeu era divisoria entre esta parroquia y la de Sant Llorenç, y antiguamente, además, hasta el siglo X , lo era de dos religiones: la de los judíos, que habitaban en la Cuirassa en la parroquia de Sant Andreu, y la de los árabes, que lo hacían en la Morería dentro de la parroquia de Sant Llorenç. En el siglo XIII, en el Romeu vivían escribanos, juristas, zapateros, tejedores, curtidores, comerciantes, pintores y otros menestrales y todavía no había ninguna iglesia. Pronto, sin embargo, algunos de sus habitantes se hicieron poderosos: los Gralla, los Cubells, los Gallard, los Santcliment, los Montsuar, los Riquer y otros; en el siglo XVI y el XVII era una calle señorial donde habitaban una gran cantidad de ciudadanos y próceres. Este hecho le ha valido la denominación moderna de la calle de Caballers, en detrimento del Romeu, el nombre antiguo. La confluencia de la calle Caballers y la calle Major es ya de antiguo llamada el Peu del Romeu; inicialmente había unos porches (siglo XIV) que los vecinos pidieron que derribasen para hacer una plaza. En el lugar donde habían existidos estos porches se documenta en 1399 una capilla dedicada por Berenguer Marqués a la Virgen de las Neus, que posteriormente pasaría a ser de Sant Jaume. En la calle de Caballers se empezó a construir en el siglo XVIII el edificio del Roser, aprovechando los restos de un convento de la orden de los Predicadores que había sido destruido en el mismo siglo , durante la guerra de los Segadors. La nueva iglesia del Roser fue en gran parte destruida en 1707 durante la guerra de Sucesión , y restaurada entre 1735 y 1752 con una fuerte influencia barroca tardía, con algunos moldeados de yesería clasicizantes. El claustro, de tres pisos, está construido con ladrillo. El edificio ha tenido utilidades diversas a lo largo de los años. Contiene la Escuela Municipal de Bellas Artes, una sala de exposiciones, el Museo de Arte Jaume Morera, la Biblioteca Pública y el Archivo Histórico de Lleida. Actualmente está siendo construido en el edificio un Parador de Turismo.

 

Sant Llorenç

 

La parroquia de Sant Llorenç estaba separada de la de Sant Andreu por la parte superior del Romeu (final de la actual calle de Caballers), donde estaba el portal de la Suda, y modernamente se encuentra el Mercado del Pla (que fue construido en 1922) . En realidad, el pla de Sant Llorenç no es más que una prolongación del pla de los Gramàtics. En el portal susodicho empezaba la calle de Guimerans (hoy de la Tallada), que llevaba hasta la iglesia de Sant Llorenç. En las cercanias de la calle de Boters (transversal al de la Tallada) se formó el núcleo primitivo de la parroquia. En los siglos XII y XIII estaban establecidos los Tàrrega, Grassa, Calders, Cerveró, Montsuar, Riquer, Colóm, Boter, Guimerà y Santmartí. Antes del siglo XV , el cementerio de la parroquia estaba donde hoy están las plazas de Sant Llorenç y de Sant Josep y la calle del Sant Crist era la calle del Fossar Vell. Después de la Seu Vella, la iglesia de Sant Llorenç es el mejor templo medieval de la ciudad de Lleida. Está situada en la plaza del mismo nombre, al oeste de la Llengua de Serp, cerca del Palacio Episcopal y el paseo de Boters. Pertenece a la escuela románica que floreció en Lleida en el siglo XIII. Un ábside redondo, la nave se cubre con bóveda de piedra apuntada, sostenida por arcos torales sobre columnas, con capiteles que sin trabajar. Bajo la iglesia hay una cripta, el origen de la cual ha sido muy debatido, aunque parece que fue construida al mismo tiempo y que, a partir del siglo XVIII, cuando la parroquia se trasladó temporalmente de la Seu Vella a Sant Llorenç, sirvió como baptisterio. La mayor rusticidad de la iglesia de Sant Llorenç respecto de la catedral debe atribuirse al hecho de que era una simple parroquia. A ambos lados de la nave se abrieron otras dos naves de estilo gótico, lo que motivó la desaparición de la puerta del lado de la Epístola. De estas dos naves góticas, la que da a la plaza del Palacio Episcopal es más antigua, y los arcos que la comunican con la nave románica fueron trazados irregularmente. La otra, posterior (se trabajaba en el primer decenio del siglo XV), tiene las ojivas perfectas en trazado y simetría. Ambas terminan en absidiolos de planta poligonal, con bóveda de aristas bordonadas y claves esculpidas. Un pórtico que recuerda el de los Fillols ocupa la fachada principal de Sant Llorenç, donde se accede por una escalinata, de gran monumentalidad por el esbelto campanario octogonal. En Sant Llorenç hay varios retablos de piedra (los de madera se quemaron todos en 1936, incluso la hermosa mesa de la Virgen de los Desamparados, de la familia Riquer) y algunas sepulturas de gran interés, muestra de la magnificencia de los Gallard, Tàrrega, Montsuar, Torrelles, Cerveró, Aranyó, Caldera, Rodera, Dolader , Gassa o Garsa, Ferrer, Montsonís , Montgai, Temple, Colom, etc., Que los sufragaron y que estamparon sus escudos heráldicos. De los retablos de piedra, que fueron estudiados por Agustí Duran i Sanpere, destaca sobre todo el de Sant Llorenç, gótico, con escenas de la vida del santo extraídas de la “Leyenda áurea de lacopo da Varazze”, y el escudo de los Torrelles. Como otros retablos góticos que conserva esta iglesia (el de Santa Lucía o el de Sant Pere), se considera obra de Bartolomé Robbio y fue esculpido a mediados del siglo XIV. Se guardan en Sant Llorenç otras piezas notables ç: una imagen de Sant Miquel, de finales del siglo XIV, una virgen de la Candelaria, del XV, y la Virgen dels Fillols, procedente de la Seu Vella. Se han perdido, sin embargo, la imagen de Santa María de la Cofradía de los Labradores, la capilla neoclásica del Sant Crist Trobat ( la imagen del cual ha sido restaurada por Jaume Perelló) y el Sant Crist del Miracle, del siglo XVI, que parece que es lo que fue venerado en el claustro de la Seu hasta el año 1707. Dentro de la parroquia de Sant Llorenç estaba la Morería, barriada sarracena, que tenía mezquita cerca de la actual iglesia, las calles de Palau, de la Palma, la Calle Nueva y la de Sant Anastasi.

 

Sant Martí

 

Al arrabal que durante la hegemonía musulmana se había formado al pie de la costa de Rodamilans, a lo largo del camino de Monzón, cerca del mercado sarraceno del Almudín (el lugar en tiempos posteriores será llamado plaza de la Panera, en 1166 se fundó la parroquia de Sant Martí, en una vieja mezquita junto al portal de Monzón. Desde este hasta el de la Suda estaba la calle Cellers (documentado en el siglo XIV), hoy llamado de Sant Martí, donde estaba el Estudio General, la famosa Universidad de Lleida que dio nombre al Pla de los Gramàtics, topónimo que perduró hasta que en tiempos de Blondel se construyó, en 1785, un gran depósito para el surtido de agua potable en la ciudad. desde entonces, se llama el lugar Pla de l’Aigua. Fuera de los edificios de las Escuelas y de los hostales y albergues de los estudiantes, la parroquia martinenca era un humilde barrio de labradores. Es el Estudio lo que dio prestigio a la parroquia. Bajo las ojivas, cada año, la víspera de la Candelaria, se elegía un nuevo rector entre los escolares de Catalunya, Valencia y Aragón. De origen similar a Sant Llorenç, la que fue iglesia parroquial de Sant Martí es de un románico más avanzado que aquella, que se ha fechado en el siglo XIII, aunque la documentación se remonta al siglo XII y las excavaciones que se han llevado a cabo han permitido descubrir una necrópolis de este siglo. En lo alto de la calle de Sant Martí, la iglesia está situada al pie y a tramontana de las rocas del Sas y de la Suda. En Sant Martí es bien manifiesta la influencia de los constructores de la Seu : repisas tolosanas, puerta con ventanal encima; bóveda apuntada, arcos sostenidos por columnas con capiteles decorados con temas vegetales (más sencillos, sin embargo, que los de la Seu). En el interior del semicírculo absidal hay seis arcos sostenidos por columnas con base ática, de donde surgen cabezas de animales y reptiles. A lo largo de los siglos XIV y XV se construyeron algunas capillas góticas, de las que nos ha llegado sólo la del Santísimo ( que en 1429 estaba dedicada a la Asunción de la Virgen), con la imagen de la Virgen en la clave. La puerta lateral, con arquivolta con dientes de sierra, que daba a la plaza del Almudín, era para uso del público, ya que la de la fachada principal comunicaba con el cementerio. Después de los sitios que sufrió la ciudad durante el reinado de Felipe IV de Castilla, la parroquia desapareció y la iglesia fue sucesivamente cuartel, parque de artillería y prisión correccional. La parroquia fue restaurada por el obispo Messeguer en 1893, que hizo algunas reformas (fue rellenada exactamente un metro, lo que hace variar las proporciones de origen, y se instaló la puerta románica, que es el acceso actual, la cual había pertenecido a la iglesia de El Tormillo (Somontano de Barbastro), obra típica de la escuela leridana. del 1987 al 1992 Sant Martí sufrió una restauración en sucesivas fases que afectó al tejado y a las paredes laterales del edificio. Como la parroquia es una de las más prósperas de Lleida y el edificio de Sant Martí no es muy grande , fue necesario construir al lado una nueva parroquia más grande. la antigua iglesia románica alojó desde 1997 el Museo de Lleida Diocesano y Comarcal hasta 2007, que fue inaugurada la nueva sede. Cerca de Sant Martí está el Centro de Arte de la Panera, edificio construido entre los siglos XII y XIII, profundamente remodelado posteriormente.

 

Sant Joan

La demarcación parroquial de San Juan, si actualmente es la menor, antes había sido la más grande de la ciudad. Bajaba por la cuesta del Canyeret por las calles de la Rodola de Sant Joan, del General y la bajada de n'Olius hasta la Puerta Ferrissa, linde con la parroquia de la Magdalena. Cerca del Segre corrían las calles Major y Mitjana y el arenal donde en el siglo XVIII se construyó la Banqueta (a cargo del mariscal Blondel, en 1787-94, para proteger la calle Major de las riadas y, al mismo tiempo, desviar la carretera del interior de la ciudad). La plaza con la iglesia de Sant Joan estaba en el centro; fue urbanizada en 1440. La calle de la Rodola de Sant Joan, mencionado ya en los días de la conquista, partía del portal de Sant Andreu y siempre fue la vía principal de la cuesta, que recogía las torrenteras origen de las calles mencionadas. La calle del General, con bóvedas apuntadas y techo de vigas, recibe este nombre porque desde 1499 fue sede del diputado de la Generalitat de Catalunya en Lleida. Siglos antes, la casa contigua era de los Boixadors (1180), posteriormente los Navarra (1.420-1.500) , que dieron paers y prohombres al municipio, en el siglo XVIII vivía el botánico Jordi Blet y , cien años después, José Mensa Font, uno de los fundadores de la Academia Mariana. Hoy está ocupado por el Teatro Principal. En las antiguas calles Major y Mitjana se ubicaban obradores y talleres. La calle Major ha sido y es importante como vía comercial ya desde antiguo. Los linajes más influyentes de la Lleida burguesa, los Gralla, Marqués, Solsona , Barutell, Navarra , Gallard, Baró, provienen de mercaderes  de dicha calle . La antigua iglesia parroquial de Sant Joan, que había sido consagrada en 1372, fue derribada en 1868. Cerca, se construyó, al cabo de pocos años, una nueva iglesia parroquial, neogótica. Los Porches, en la plaza de Sant Joan, ya existían en el siglo XIV. Los de Dalt, que se prolongaban hasta la calle Major, eran los Cobertissos de la Corte, y los de Baix eran de los curtidores. En la plaza de Sant Joan había también varios gremios y albergues de los Sescomes, Montsuar, Sassala, Espen, Olzinelles, Cerveró, Pou, Agulló, Altet, Moliner, Remolins, etc. Las dos manzanas que había en medio de la plaza fueron derribadas, con el matadero y los porches, en 1442. En 1880, mientras se levantaban los cimientos de la nueva iglesia parroquial de Sant Joan, aparecieron varias columnas cilíndricas, fragmentos de fustes estriados y un capitel de orden corintio de grandes proporciones y esculpido en piedra de Tarragona, en el período de la decadencia. Parece que estos restos corresponden a dicho templo romano. En sus proximidades habían aparecido en 1779 vestigios de otras construcciones, según noticia que reporta Marià Olives, historiador leridano del primer tercio del siglo XIX. Pese a que el monumento no se ha conservado y que la información in extenso parece en un buen trozo fantasiosa (se habla de 12 celdas pavimentadas con jaspe, de la abundancia de columnas de este mineral, de diamantes y otros objetos valiosos y, en cambio , se contradice al hablar de las dimensiones de los vestigios y la profundidad a la que aparecieron) , la mención de jarras de cerámica que contenían huesos humanos mezclados con ceniza hace pensar si se trataba de un columbario romano o de una necrópolis de incineración hallstática. En 1976, al vaciarse el suelo de la plaza de Sant Joan para construir un parking, aparecieron importantes vestigios arqueológicos de diversas épocas (del Bajo Imperio y medievales). La identificación de estos restos, que en la parte más importante fueron destruidas y que no han sido estudiadas, no ha sido unánime por parte de los estudiosos. Se sabe que la pieza más destacable es el ábside de la vieja iglesia de Sant Joan, que, como se ha dicho, fue derribada en 1868. Esta tesis se confirma por el hecho de encontrar niveles de cerámica medieval y muros romanos por debajo de los cimientos, desmintiendo la hipótesis de que esto fuera una construcción romana. En cuanto a los restos que se han documentado como romanos se remontan del siglo II aC al I dC. Los restos romanos posteriores son muy escasos y parecen corresponder a un momento de decadencia de la ciudad romana. Las ruinas descubiertas permanecen aún in situ y durante bastante tiempo estuvieron al descubierto. Ahora se pueden visitar bajando al subsuelo. La plaza ha sido remodelada (fue inaugurada en 1986), de manera que se ha convertido en un auditorio al aire libre. De allí parten las escaleras mecánicas que salvan los desniveles y permiten acceder al ascensor que desde el Canyeret lleva a la Seu Vella.

A poniente de la plaza de Sant Joan está la plaza de la Paeria. En el siglo XII era un zona, con curtidurías, molinos y casas. Existe la casa de la ciudad o el Palau de la Paeria, notable edificio del siglo XIII que fue construido por Arnau de Sanaüja y hasta el 1342 fue la casa de esta familia, señora de les Borges Blanques. Posteriormente, los albaceas de Pere de Sanaüja vendieron el edificio a la ciudad (hasta entonces la Paeria había estado domiciliada en la cuesta de Sant Andreu), que tomó posesión en 1383. Entre el 1470 y el 1475 se efectuaron reformas notables, y también en 1599, como el ensanchamiento de la Sala dels Consells. En el siglo XVIII sobre la planta noble se levantaron dos nuevos pisos, sin mucho miramiento, y en 1868 se añadió la fachada neoclásica de la Banqueta realizada por al arquitecto Agapit Lamarca que posteriormente se convertiría en suegro de Francesc Macià Presidente de la Generalitat de Catalunya. El casal fue devuelto a las líneas primitivas y reformado con mucho cuidado por el arquitecto Ramon Argilés en 1927. El edificio se ordena en torno a un patio cuadrado con arcadas semicirculares. La fachada es una bella muestra del gótico civi; en la planta baja está el portal adintelado, con el escudo del Principat de Catalunya encima y el de la ciudad a ambos lados. En este cuerpo está empotrada una lápida de 1589 que habla de la erección de la Mesa de Cambios. La planta soberana, separada de la inferior por una cornisa, tiene cinco ventanales góticos, con arcos de medio punto enmarcados por guardapolvos con ornamentación vegetal. El último piso fue añadido por el arquitecto restaurador imitando las buhardilla “golfes” leridanas medievales. En el extremo, frente a la calle Major, se levanta una torre que contiene la escalinata del primer piso, sólo utilizada en ocasiones solemnes, donde se puede admirar un ventanal policromado que evoca la escena medieval de cuando los concejales de la ciudad acogían bajo su protección los pueblos de contribución. Los sótanos, que hoy contienen el Museo de la Paeria, son bastante interesantes por sus bóvedas macizas, que durante siglos sirvieron como prisión municipal. Bajo el edificio se han llevado a cabo varias campañas de excavaciones que han proporcionado restos iberorromanos y romanos, del siglo V aC. La fachada de la avenida de Blondel fue agrandada en 1930 con una gran columnata sobre las arcadas neoclásicas. En un saloncito vecino de la sala de sesiones se conserva el famoso retablo gótico de la Paeria, que había pertenecido a la capilla de la Paeria, hoy desaparecida. Es obra de Jaume Ferrer (II) (que en 1439 pintaba en una cámara sobre la sala de sesiones, junto con Pere Teixidor, a quien en 1444 se volvió a encargar un retablo para que lo terminara, probablemente el de la Paeria), de un gran interés plástico y cromático y enlazado artísticamente con el retablo de Verdú, del 1434. Se refleja el estilo de Bernat Martorell. En la tabla central está la Virgen con los Paers ataviados con togas y en actitud orante. En las tablas laterales están Sant Jordi y Sant Miquel; en la parte superior, la Crucifixión, y en la predella los siete gozos de María y figuras de santos.

 

Santa Magdalena

 

La parroquia de Santa Magdalena estaba situada en el antiguo arrabal de Magdalena, bajo la Seu Vella, que se formó en época sarracena en el camino de Corbins, cerca de un mercadillo que partía de la Puerta Ferrissa. Fue un núcleo industrial importante (había tejedores, curtidores, metalurgicos, etc) Y sufrió mucho en los diversos sitios de la ciudad. Las vías principales son las calles del Carme y de Magdalena. La parroquia de Magdalena, al entrar los cristianos en Lleida, era un arrabal cerrado por murallas nuevas, llamado por los sarracenos ar - rabad. La parroquia de Santa Magdalena ya estaba constituida en 1163 y el antiguo edificio parroquial, que parece que era gótico , subsistió hasta el 1812. Modernamente, se ha construido una nueva iglesia parroquial dedicada a Santa Magdalena. La iglesia vieja tenía al lado la rectoría y la Casa de Beneficiados; el campanario era ante la calle de en Suera, continuación del de n'Amiguet. La fachada lateral daba al que en 1429 se llamaba calle de la Creu Coberta de Magdalena. La rectoría formaba esquina con la calle de Bafart (entonces de Arnau de Ponts) . Los baños de la Magdalena, documentados 1156 y aún existentes en 1429, eran probablemente de origen árabe.

 

El Barrio Nuevo de Sant Antoni

 

El Barrio Nuevo de Sant Antoni se formó a mediados del siglo XIV en el camino que desde el Peu del Romeu llevaba al castillo de Gardeny. En 1483 las murallas englobaron el barrio y también el hospital de los antonianos en la calle de San Antonio, que atraviesa el barrio (queda la iglesia conventual de Sant Antoni Abad, actualmente de la Sang, con una interesante portada renacentista). El hospital estaba cerca del portal y del baluarte de Sant Antoni (que perduraron hasta el 1844), y muy cerca, en 1429, había la cárcel de la ciudad (hacia el 1499 trasladada a los sótanos de la Paeria). En el lugar donde se alza el convento de Carmelitas Descalzas (actualmente sede del Museo de Lleida, Diocesano y Comarcal) estaba el burdel público, en la calle de Escudellers, que era límite entre la Morería y el barrio de Sant Llorenç. En esta calle y en su travesía, el de los Obradors, había talleres y hornos de alfareros sarracenos. Con el ensanche del Barrio Nuevo surgieron la plaza del Pes del Rey, porche, la Bladeria, con los almacenes de lo común, y algunas calles que bajan del llano de Sant Llorenç: los de Montgai, de la Claveguera, de Rufes y de Vallbona, desaparecidos al construirse la catedral nueva. En la plaza del Pes del Rey, ante la Bladeria, se levantó el Hospital General de Santa María (que más abajo se describe), razón por la cual la antigua calle del Forn del Assoc (Zoco árabe). pasó a denominarse del Hospital. Las travesías de esta calle eran las calles de les Caldereries, de las Carnicerías, de Jaumatà o de Almactà y del Portal de la Carpintería ( actual calle del Alcalde Mestres) . Entre las calles del Almudín Viejo y los Obradors, en el Barri Nou, se encuentra la Seu Nueva de Lleida. Su edificación se decidió cuando el capítulo se convenció de que la Seu Vella estaba definitivamente perdida. El primer proyecto fue derribar la iglesia de Sant Llorenç y construir la nueva catedral en su lugar. A pesar de la aprobación real, el proyecto fue desestimado ya que en este lugar la nueva sede corría el peligro de encontrarse entre los fuegos de los castillos de la Suda y de Gardeny y, además, estaba demasiado lejos del centro urbano. En 1745, Fernando VI autorizó la construcción en el lugar actual, pero esto no se cumplió hasta el reinado de Carlos III, que destinó a la fábrica la cantidad de 240 000 reales anuales mientras durara la obra. El lugar elegido para situarla fue la plaza del Hospital de Santa María, donde estaba el Almudín de la ciudad (que fue derribado) y el convento de frailes mercedarios y varias casas y calles que desaparecieron. La obra de la Seo se empezó en 1761, cuando era obispo de Lleida Manuel Macías de Padrejón, y en 1781 se consagró, aunque no quedó terminada hasta el 1790. Planeada por Pedro Martín Cermeño, fue dirigida por Francisco Sabatini y también intervino Josep Prats. En 1780 el escultor Juan Adán ya tenía listos casi todos los retablos (en los que habían trabajado también Felipe Sauri y Salvador Gurri) y Lluís Bonifaç, el coro, obras que fueron quemadas en 1936. La Seo Nueva es un edificio de un barroco tardío (que por el hecho de haber sido construido por unos ingenieros militares en un estilo muy austero, se ha confundido habitualmente con neoclásico), de tres naves de igual altura, con columnas  y capiteles de orden corintio y contrafuertes internos procedentes de las capillas laterales. En el crucero, muy reducido (aunque las dimensiones de la iglesia son muy superiores a las de la Seu Vella) , se abren dos puertas. Al término de las naves, un atrio abierto por tres arcos da a la fachada, a ambos lados de la cual hay dos campanarios de un solo piso, cubiertos con bóveda. Sobre este atrio hay una balaustrada y un escudo con las armas de los Borbones. En 1936 se pudo salvar algunas piezas: el cuadro de la Agonía de Jesús, de Rafael Mengs, y un crucifijo de marfil , procedentes de la colección del niño Gabriel y los tapices de escuela flamenca, instalalados en una dependencia del primer piso. También fue salvado el archivo. En la catedral están los altares de Sant Joséep, de Santa Cecilia y de San Anastasi ( patrón de la ciudad) y capillas dedicadas a la Virgen y al Santísimo. Del Hospital de Santa María, donde se proponía reunir los diversos hospitales que había en la ciudad, la primera piedra fue colocada el 14 de abril de 1454 y las obras duraron hasta el 1520, en tiempos del obispo Jaume de Conchillos, su gran benefactor. De un gótico florido, los planos son de Andreu Pi, encargado de la obra de la Seu, y del 1517 al 1519 trabajó Gabriel Borrell, autor de la planta inferior y las galerías del patio , que a pesar de ser góticas muestran la influencia del Renacimiento. En la fachada, sobre el portal adintelado, sobre el que están los escudos de Lleida , el dosel afiligranado aloja el nicho de una hermosa Virgen. En el patio, rodeado de gárgolas, está el acceso a la capilla del Hospital, con una lápida que recuerda la munificencia de Onofre Cerveró. En el altar de la capilla, también gótica, está el retablo de Escarpenter, barroco . Es también destacable la imagen de Santa María, en relieve, en la cerradura inferior de la galería gótica, ante el umbral, señal heráldica del capítulo, que con su aportación contribuyó a la construcción del hospital. El 1476, aún inacabado , ya asistía enfermos y peregrinos. En 1915 el edificio pasó a ser propiedad de la Diputación de Lleida y el 1942, año de creación del Instituto de Estudios Ilerdenses , fue cedido a esta institución como sede en perpetuidad.

 

Los barrios antiguos de Lleida fuera muralla

 

Ya desde la edad media se formaron nuevas parroquias y arrabales extramuros. Los más importantes eran Sant Gili, el Mercadal y el Cappont. La parroquia de San Gili estaba en medio de las Pardinyes, al pie septentrional del Sas donde, hasta hace pocos años, había el camino de los Horts de Sant Gili. La iglesia parroquial de San Gili, que fue destruida en el cerco del 1464 y que unas excavaciones recientes han redescubierto, estaba entre las calles que conducían al portal de Magdalena o de San Gili y al de Sant Salvador, cerca de la iglesia de este nombre. Sant Salvador o Vilanova del Obispo fue de hecho una prolongación del arrabal de Sant Gili. El Mercadal ocupaba los terrenos de la actual Estación del Ferrocarril (edificio construido en 1927 según proyecto de Adolf Florensa), comprendida la plaza de Ramon Berenguer IV. Constituía una parroquia dedicada a Sant Pau y, como la de San Gili, consta en la ordenación del 1168, fecha que coincide con la del privilegio de Alfonso II para el establecimiento de un mercado, el primero después de la conquista, a celebrar el jueves. El 1231 Guillem Hug de Toulouse disponía en su testamento de crear un hostal para los mercaderes tolosanos que vinieran a negociar a Lleida. Según los censos del 1429, en el Mercadal estaban las calles de la Font del Rei, del Convento de los Carmelitas, los Molinos de la Casa Antigua y del Portal Pintat, por donde se accedía a la Aluderia. En 1972, cuando se construía dicha Estación del Ferrocarril, se descubrió una necrópolis paleocristiana; hoy en día las tumbas se conservan en el Museo Arqueológico del Instituto de Estudios Ilerdencs. A la izquierda del Segre, el Cappont fue formando como arrabal ya muy antiguo, probablemente después de que se construyera, en plena dominación romana, un puente de piedra para cruzar el río (futuro Pont Major), y adquirió importancia a la edad media. El arrabal y las huertas vecinas constituían una isla, ya que un brazo del río rodeaba el territorio, que en el siglo XII se llamaba isla de Mallorca y que hasta el siglo XVII era una propiedad rural de la huerta. En los días de la conquista, el Cappont ubicaba una casería, Pobla del Cappont, de origen sarraceno, que perduró hasta el 1643; Pobla del Cappont, en el siglo XII, estaba habitada por repobladores de la Noguera y por población sarracena que perduró hasta el siglo XVII. Había aserraderos, carpinterías, herreros, cesteros, hiladores de cáñamo y tres hostales. Según el capbreu 1382 y los censos de 1429, tenía un centenar de albergues, donde vivían, entre otros, los Tapiol, los Agramunt, el escultor Carles Gualter (mestre de la Seu) y el pintor Pere García de Benabarre. El Cappont, al comenzar el siglo XIX, estaba despoblado. En 1864, sobre esta casería desaparecida levantaran los Campos Elíseos y algunas aserraderos y otras empresas industriales más adelante, como la fábrica Mostany . En 1854, el ayuntamiento se había propuesto urbanizar la zona cercana a la carretera vieja de Barcelona. Ya existía una alameda que llevaba a la plaza de los Murmuradors, donde se reunía la gente desocupada. Se plantó hileras de plátanos , procedentes de la Devesa de Girona, y se trazó parterres, jardines, fuentes y manantiales. En 1864 , el alcalde M. Fuster inauguró los Campos Elíseos; el jardín público tenía hasta 1936 un teatro municipal y un templete de música. El pabellón acuario es un interesante edificio de F. de P. Morera. Antes, en la segunda mitad del siglo pasado, se construyeron casas de ferroviarios, torres, talleres y almacenes, y en nuestra posguerra una gran barriada en el antiguo camino que por el puente de Sant Agustí (que no se ha conservado) iba a Vilanoveta (avenida de las Garrigues), atravesado por la avenida de Valencia. Están los Quatre Camins, el camino viejo de Albatàrrec, etc. El barrio de Cappont ha logrado en los últimos años una función de servicios con un centro lúdico y la mayor parte de las infraestructuras universitarias y residenciales. Por el portal de Gardeny, al final de la calle Major y ante el Assoc (Zoco árabe), se accedía al camino que llevaba al castillo de Gardeny. Está emplazado al SW de la ciudad, sobre el monte de Gardeny (198 m), que , a la derecha del Segre, domina la partida de la huerta denominada la Corda de Gardeny. El castillo fue centro de la Encomienda Templaria de Gardeny, la más importante de la región, que comprendía numerosas posesiones que le fueron cedidas por Ramón Berenguer IV en 1149, como compensación de la ayuda en la conquista de la ciudad. Los Templarios permanecieron hasta el 1314, después el lugar fue cedido a los hospitalarios, que establecieron un priorato que perduró hasta el 1772. Posteriormente, el castillo de Gardeny fue convertido en cuartel y , recientemente, ha sido restaurado . Del castillo quedan dos cuerpos, de muros bien gruesos, cubiertos con bóveda apuntada. La iglesia de Santa María de Gardeny, de tipo cisterciense, es muy austera; de ábside poligonal, la bóveda de la nave es apuntada y el único adorno son los capiteles corintios de los arcos; el portal es adintelado y enmarcado por una cornisa. Hay restos de una capilla gótica, que en 1429 estaba dedicada a Sant Salvador.

 

El ensanche de la ciudad

 

El ensanche de Lleida se inició en el arenal de Magdalena hacia el 1828, como una continuación de la obra urbanística que había iniciado Blondel. El promotor de la urbanización del arenal fue el brigadier Luis María Andriani y Escofet, barcelonés; se trazó la calle del Jardín (posteriormente y hasta 1938 llamada calle del General Cabrinetty), donde estaba el muro que iba hasta el puente de piedra del Segre. Anteriormente, en 1826, Andriani edificó la puerta del León, de acceso al Castillo Principal. Hizo construir el jefe de ingenieros, Mariano Foncillas, una plaza ajardinada entre el muro y el arenal y se levantó un arco de ladrillo dedicado a Fernando VII con motivo de su llegada a Lleida. Será el origen de la popular rambla de Ferran, que continuó su sucesor, el gobernador Carlos Fabre de Aunós. Sin embargo, la urbanización definitiva del arenal prosperó después de que Isabel II publicara el decreto de enero de 1861 ordenando el derribo de las murallas de la ciudad. El maestro de obras Josep Fontserè i Mestre redactó en 1865 el primer plan de ensanche de Lleida, que comprendía, además de la Banqueta o avenida de Blondel, la plaza de Sant Antoni (1870), llamada más tarde avenida de Cataluña, la rambla de Aragón (1872) y el paseo de Huesca o los Erals (1882), nominada posteriormente avenida de Prat de la Riba. El historiador Pleyan de Porta, en 1877, se admira de las buenas condiciones de habitabilidad de algunas casas construidas entonces en la rambla de Ferran. En 1865 el arquitecto municipal, Agapito Lamarca, edificó la Maternidad y, en 1868, la fachada moderna de la Paeria en la Banqueta. El neogoticismo fue introducido por arquitectos posteriores, como Celestí Campmany, Julio Agelet y Zarazíbar y otros, en la construcción de la nueva iglesia de Sant Joan (1885), la restauración del templo de Sant Martí (1893), el Seminario Nuevo (1895), la Casa Armenteros (entre la Banqueta y la Calle Major), y el neorrománico en la Academia Mariana (1891). Una línea similar seguirán los arquitectos de principios del siglo XX, Enrique Lamolla, Ignacio de Villalonga, Joan Bergós, Manuel Casas, Adolf Florensa, Ramon Argilés y otros . El Modernismo en Lleida, que se inició con la construcción del Asilo Borràs en 1901, se consolidó en 1906, cuando el tarraconense Francisco Morera Gatell se convirtióen el arquitecto municipal. El período inmediatamente posterior, según ha valorado Frederic Vilà y Tornos, fue de gran importancia en cuanto al seguimiento de los movimientos artísticos y arquitectónicos europeos más relevantes. Los edificios más representativos del Modernismo en Lleida y, posteriormente, del Novecentismo y nuevas corrientes estéticas son: el Monte de Piedad (1905), adquirido por la Normal en 1925; las Casas Nuevas del paseo de Boters (1914); la puerta de acceso a los Campos Elíseos (1908); la Casa Aunós (1911), convertida luego en el Hotel Palas, después en entidad bancaria y finalmente adquirida por el ayuntamiento para situar diversas dependencias municipales; la Casa Melcior (1912), de la familia Almenar, en la plaza de Sant Francesc; la ampliación modernista del Matadero (1911-15), la parte antigua es neoclásica (1875); el Dispensario de La Gota de Llet, en la Banqueta; el Mercado del Pla (1920), en el Pla de l’Aigua; la iglesia de la Bordeta (1918), y las casas Plubins, Alonso de Olarte, Fontanals (1913) y Montull (1922), situada entre la Calle Major y la Banqueta. También es notable el edificio de la Cámara de la Propiedad Urbana (1936). De este periodo, hemos de lamentar que se hayan derribado los edificios modernistas del Asilo Borràs, ya citado, del Liceo Escolar Fundación F. Godàs (1913) y la Casa Mangrané (1918). Del período posterior a la guerra civil de 1936-39, que la renovación arquitectónica se inicia bastante tarde, son construcciones remarcables los edificios del Montepío (a la Banqueta) y de la Cámara de Comercio e Industria (1970); la Delegación de Hacienda (1970), la Casa de Correos, en sustitución de la antigua, modernista, y la Estación de Autobuses (1968). Hacia 1945 se instaló ante el Arc del Pont , el único portal que queda de las murallas (rehecho por el lado de la Banqueta en el siglo XVIII), un monumento a Indíbil y Mandonio, fundición de una obra de 1882 de Medardo Sanmartí (muerto en 1891), que éste había titulado primer Indaleci y Indortes, y luego Libres y que se conservaba en Vilanova y la Geltrú.

 

Los barrios de la Lleida contemporánea

 

En 1938, el perímetro urbano de Lleida era casi el mismo del 1861. Desde el derribo de las murallas (1871) sólo se habían poblado el arenal de la Magdalena, la parte de poniente de la rambla de Aragón, el Cappont y la Bordeta. Los bombardeos y el asalto a la ciudad (3 de abril de 1938), punto culminante de una guerra fratricida, ocasionaron muchas destrucciones. Días después, Lleida fue "ciudad adoptada por el Caudillo" y actuaron los servicios de la Dirección General de Regiones Devastadas (que edificaron la fachada de la Diputación, el Palacio de Justicia, el del Obispo, varios grupos escolares, etc.) Y el Instituto Nacional de la Vivienda y la Obra Sindical del Hogar, que construyeron varios grupos de viviendas sociales. La urbanización derivada del primer plan del Instituto Nacional de la Vivienda y, desde 1947, de un nuevo plan provincial, abrazó el sector septentrional de la ciudad. El desarrollo urbano ya se había iniciado antes de la guerra, a lo largo del paseo de Prat de la Riba (conocido como de Huesca o los Erals antes del 1931 y del General Mola después de 1938), donde se edificaron en 1928 las casas Baratas. También se irá desarrollando la calle de Balmes , siguiendo el camino de Monzón (hoy carretera de Huesca), hasta la plaza (construida mucho más tarde) de Ricard Vinyes y hasta el Campo de Deportes. El Campo de Marte, desde que dejó de cumplir una finalidad militar, ha dado paso a nuevas vías públicas. La gran explosión demográfica de la posguerra posibilitó que la ciudad se desarrollara en torno al cerro de la Suda, con el campanario de la antigua Seu como centro de caserío (como estaba previsto en el plan de Josep Fontserè de 1865), ya que al NE de la colina se ha construido una urbanización que tiene como eje el Paseo de Ronda, que arranca del Puente Nuevo. En las afueras de la ciudad están los barrios de la Mariola, Santa Maria de Gardeny, el Campo de Deportes, Balàfia, el Secano de Sant Pere, Llívia, los Magraners, el Cappont, la Bordeta y Pardinyes. Hasta 1964 la partida de la Mariola, al pie de Gardeny, estaba parcelada de pequeños huertos y alguna casa de veraneo. Se extendía entre el Matadero (1911), el puente del Aigua y Vi, la Acequia Primera y el antiguo camino de Zaidín a Fraga, donde había varios molinos con sus esclusas y brazales (el del Porcar, el d’Agelet y el de Mora). Se empezó a construir sobre el primero de estos molinos un bloque de casas; seguidamente se construyeron otras calles y edificios y la parroquia de Sant Pau Apóstol. El barrio de Santa María de Gardeny , se empezó a construir en 1956. Va desde el camino viejo de Zaidín hasta el Juego de la Bola, y desde la Acequia Primera hasta Santa Teresita. Anteriormente a la urbanización, había huertos y sembrados y pasaba el ramal de Vallcalent, con cañaverales, saltos de agua y senderos entre álamos y chopos; llamada la partida del Rossinyol. Existe la parroquia de Santa María de Gardeny (erigida en la posguerra), que atienden los mercedarios. Está atravesado por el Paseo de Ronda. La urbanización del barrio llamadoel Campo de Deportes fue posterior a la instalación de este centro deportivo en 1919. El nuevo Hospital Provincial (1924), las Casas Baratas (1928) y algunos chalets modernistas son anteriores a 1936. Las calles se abrieron en los años cincuenta, con el Grupo Tres de Abril, los chalets de la calle de Sierra de Prades y la planificación de la avenida del Doctor Fleming. El barrio de Balàfia se desarrolló siguiendo la línea del ferrocarril de Barcelona a Zaragoza y el riachuelo de Noguerola, que entonces (1950) aún conservaba un puente, tal vez de origen romano, por donde pasaba el antiguo camino de Tamarit, que descendía del portal del Sas. La antigua partida, de origen árabe, está hoy totalmente edificada, construyeron y los bloques de Recasens Gassió y los bloques del Obispo. Al NE de la ciudad, entre la carretera de Albesa y el Molino de Gualta (carretera de Alguaire), está el llano del Secà de Sant Pere, que domina el pequeño valle de Balàfia y los huertos de Sant Ruf. Había alguna torre de campo como la Torre de Don Juan del Rey, militar de principios del siglo XIX, que durante el sitio de Lérida (1810) fue cuartel general del mariscal Suchet. El decenio de los años 1960 llegaron inmigrantes del sur de España; al principio se instalaron en barracas y luego en edificios de tres y cuatro pisos a lo largo del eje principal, la avenida de Sant Pere, que evoca el nombre de un antiguo santuario que hubo en la edad media. Las dos Pardinyes se extienden desde el Segre hasta el barrio de Balàfia, siguiendo el ferrocarril que las separa del centro de la ciudad. Las Pardinyes Baixes eran una zona de huerta que se empezó a poblar a principios de siglo por razón de la Estación del Ferrocarril e instalaciones cercanas, a través del viejo camino de Corbins. El vecindario pronto se extendió a las Pardinyes Altas, barrio poblado por ferroviarios. Su gran desarrollo se produjo en los años avanzados de la posguerra.

 

La cultura y el folclore

Las actividades culturales

 

El exilio y las exigencias de la nueva situación política después de la Guerra Civil de 1936-39 habían alejado de la ciudad o habían obligado al silencio varias personalidades que en la segunda década del siglo XX habían hecho posible  revistas como "Vida Lleidatana", "Lleida", "Camins" y el " Butlletí del Centre Excursionista", así como los patronatos de la Seu Antigua y del Museo de Art Jaume Morera. En la Lleida de la inmediata posguerra, algunos intelectuales intentaron paliar el silencio impuesto con un sucedáneo de ínfimo carácter catalanista, el leridanismo. Bajo tal tema quisieran continuar la labor de los Amigos de los Museos y la afección a la bibliografía local. Se consiguió la restauración de los Juegos Florales pero en la lengua de Cervantes, según frase de Eduard Marquina, que fue mantenedor del primer intento (1941). También este año se retomaron los Certámenes de la Academia Bibliográfico - Mariana, modélica institución que desde 1862 había aportado una notable contribución a la Renaixença (donde habían sido premiados poetas como Luis Roca y Florejachs, Francisco Pelagio y Briz, Josep Martí y Folguera, Ángel Guimerà, Joaquim Rubió i Ors, Francisco Ubach i Vinyeta, Llorenç Riber, Jaume Collell, Josep Estadella y otros), pero no con el espíritu señorial de antaño. La Academia tiene su sede en el Palacio de María, bello edificio neoclásico comenzado en 1869, donde se destaca el oratorio de la Virgen Blanca y el paraninfo, marco de actos académicos y culturales . El Institut d’Estudios Ilerdencs, creado a imitación del Instituto de Estudios Catalanes en 1942, se convirtió por designio del presidente de la gestora, José María de Porcioles y Colomer, un departamento de la restablecida Diputación Provincial, previa redacción de los estatutos fundacionales . Fue adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en el Patronato Josep M. Quadrado. Su emblema será la efigie de la Virgen con el escudo de Lleida, tal como aparece en la fachada gótica del Hospital de Santa Maria, sede del Institut. No olvidemos que, ya en tiempos de la República, el edificio estuvo dedicado a Casa de Cultura, donde estaba el Museo de Arte Jaume Morera y salas de exposiciones y conferencias. Durante el período revolucionario fueron depositadas las obras de arte salvadas de la furia iconoclasta. Actualmente, el IEI es una de las entidades con más tradición de Lleida y se mueve en el campo de la promoción de la investigación, tanto en el campo de las letras como en el de las ciencias y las artes. Es muy activa e importante su sección de arqueología, que es la que se ocupa de la Sala de Arqueología instalada en el edificio de la entidad. Otras entidades de estudio que existen en Lleida, ya de carácter privado, son la Sociedad Astronómica de Lleida o bien el Ateneu Popular de Ponent o la coral Xiroia que también depende de esta entidad. Este grupo, nacido en 1979, es uno de los motores culturales de Lleida. Sus actividades son muy variadas. Se organiza en secciones de actividades diversas y dispone de una biblioteca y un importante archivo fotográfico. Alrededor de la ciudad de Lleida han nacido asociaciones de carácter más bien lúdico, folclórico y cultural. Cabe destacar por su labor de divulgación cultural la Delegación en Lleida del Colegio de Arquitectos. También hay varios barrios de Lleida (Pardinyes, Balàfia, por ejemplo) que disponen de centros culturales que actúan como centralizadores de la actividad de un determinado barrio. Lleida es una ciudad con una gran tradición musical. El Conservatorio Municipal de Música, coordina su actividad con el Auditorio Municipal Enric Granados que fue inaugurado oficialmente en 1995 y es gestionado por el Instituto Municipal de Música. El edificio consta, además , de una biblioteca-fonoteca y una sala donde se exponen restos arqueológicos encontrados en el momento en que se excavaba el solar donde ahora está el auditorio. La tradición musical también se concreta en otras entidades como el Foment Musical de Lleida. Entre las corales que hay en Lleida, cabe destacar el Orfeó Lleidatà, fundado en 1862, que dispone de varias secciones. También hay una gran tradición sardanista, representada por un gran número de grupos sardanistas que coordinan y organizan concursos y encuentros. En Lleida se reúnen también agrupaciones que reúnen los originarios de otras regiones del estado y del extranjero. Cabe mencionar, además, la Banda Municipal, el Café del Teatre, situado en el antiguo matadero municipal y la Orquesta Sinfónica Julià Carbonell de las Tierras de Lleida. También cabe mencionar una remarcable actividad teatral en la ciudad. Hay varios grupos profesionales, semi o amateurs. Entre las dos primeras categorías cabe mencionar el Teatre Estable de Lleida y Teatre de Text, dedicados íntegramente al teatro, mientras que Xip Xap, El Sidral y La Pasterada se dedican más bien a la animación. Entre los diversos grupos de aficionados, cabe destacar la AEM Teatre o el Círculo Dramático Talia. Toda esta actividad se concretó en la creación del Aula Municipal de Teatre, que organiza cursos de teatro y artes escénicas para gente de todas las edades. Cabe mencionar, además, el Teatro de l’Escorxador y el Espai 3. Lleida cuenta con numerosas entidades deportivas que se inscriben dentro de diversas especialidades  Abundan, sin embargo, las entidades de tipo general y, en un ámbito más específico, los clubes de fútbol , entre los que cabe destacar la Unió Esportiva Lleida, que las temporadas 1949-50 y 1993-94 participó en la primera división de la Liga Española y que juega en el Camp d’Esports. Esta entidad es heredera del antiguo Club de Fútbol Lleida, fundado en 1923, que en 1930 pasó a llamarse Club Deportivo Juventud. Desaparecido en 1935, volvió a renacer después de la Guerra Civil de 1936-39 con el nombre de Club Lérida Balonpié, que no tardó en tomar el nombre que ha conservado hasta la actualidad. Muchas de las asociaciones deportivas de carácter general han nacido al abrigo de las diversas facultades y escuelas universitarias de la ciuda . Entre el resto, por su tradición deportiva, se puede destacar el Sícoris Club, que incluye unas secciones de danza y canto coral, y el Centro Excursionista de Lleida (fundado en 1906), y como entidad coordinadora del deporte segrianense, el Consejo Comarcal Deportivo del Segrià, que tiene su sede en Lleida. Y en cuanto a su relevancia mediática y deportiva cabe mencionar el Club Deportivo Lleida Basquet, fundado en 1997 a partir del Club Deportivo Maristas. Durante el año se celebran en Lleida varios festivales. Entre los musicales, se puede destacar el Festival de Música Enrique Granados, el curso internacional de música que organiza el Orfeó Lleidatà , la temporada de ópera, el concurso de piano Ricard Viñes o el Festival Internacional de Jazz. Dentro del ámbito cinematográfico cabe mencionar la Muestra de Cine Latinoamericano y el festival Animac. Dentro del teatro hay que destacar la Feria Internacional de Teatro de Títelles (marionetas) (desde 1989) y la Muestra de Teatro Ciudad de Lleida y, en el mundo de las letras, el premio de ensayo Josep Vallverdú o el premio de poesía Màrius Torres. Lleida concentra la mayor parte de las colecciones museísticas de la comarca del Segrià. En la Iglesia pertenece el Museo Capitular, con un importante conjunto de tapices flamencos y muestras de diversas épocas de arte religioso. Está situado en la catedral. También pertenece a la Iglesia el Museo de Lleida, Diocesano y Comarcal , del que en 2007 fue inaugurada una nueva sede en el antiguo Hogar de Sant Josep, originariamente convento de los Carmelitas Descalzos. Gestionado por un consorcio integrado, además del obispado, por el ayuntamiento y la diputación, dispone de varias secciones, pero es especialmente interesante la de pintura y escultura medieval. Al ayuntamiento pertenecen los fondos del Museo de la Paeria, constituido en 1963, se encuentra en los bajos de la misma casa de la villa y recoge restos monumentales que van desde el siglo V hasta el XVIII. De titularidad municipal, Lleida dispone del Museo de Arte Jaume Morera, dedicado al arte contemporáneo , y con una presencia especial de artistas leridanos contemporáneos. Cabe destacar también la existencia de muestras paisajísticas muy importantes de pintura española del siglo XIX.. De carácter privado cabe mencionar el Museo de Geología Màrius Torres, situado en el instituto de enseñanza del mismo nombre, que fue creado a iniciativa de uno de los directores de la entidad y es mantenido y ampliado por los mismos profesores de la institución. El Institut d’Estudis Ilerdencs es quien gestiona la Sala de Arqueología, heredera del antiguo Museo Arqueológico, actualizado y modernizado del 1989 al 1992 (y abierto en enero de 1993) y que recoge principalmente los resultados de las excavaciones llevadas a cabo en la provincia. Este museo pertenece, de hecho, a la Diputación , que también es responsable del Gabinete Numismático y de Armas, el cual se encuentra en la misma sede de esta entidad. Cabe mencionar, además, el Museo del Agua, el Museo Roda Roda de automóbiles y el Centro de Arte Contemporáneo La Panera. De entre los equipamientos culturales más recientes cabe mencionar la Llotja de Lleida, edificio de nueva planta inaugurado en 2010. Por su carácter polivalente, sus dimensiones y el emplazamiento (en el área del antiguo Mercado Central de Frutas del barrio de Pardinyes , a la orilla del Segre), constituye una de las realizaciones de mayor repercusión en la actual ciudad. Lleida dispone además, de una cantidad bastante importante de salas de exposiciones. Lleida, por su carácter de centro de servicios, tiene una buena cantidad de bibliotecas, con una presencia especial de las de tipo universitario. Ahora bien, en cuanto a la biblioteca pública, se puede encontrar de diversas tipologías y también de varias redes en los diferentes barrios de la ciudad . Existe como biblioteca pública la Biblioteca Pública de Lleida, en el edificio de la Maternitat que ha comenzado a instalar servicio de bibliobús para surtir otras comarcas y municipios con una menor presencia bibliotecaria. La Biblioteca del Institut de’Estudis Ilerdencs dispone de un importante fondo antiguo y de reserva, y también de un fondo importante de colección local. Desde que se creó, la Universidad de Lleida dispone de un servicio de bibliotecas, con salas de lectura y fondos especializados diversos como los de los Ingenieros Agrónomos, Medicina, Ciencias de la Educación y biblioteca del Antiguo Seminario, donde se localizan muchas de las facultades y la administración universitaria y que hace de biblioteca general. Hay bibliotecas propiamente especializadas, que suelen pertenecer a centros de investigación o entidades culturales generalmente privadas. Se puede mencionar, a modo de ejemplo, la Biblioteca de la Audiencia Provincial, con un fondo de tipo jurídico, la Biblioteca de la Cámara Oficial de Comercio e Industria y la Biblioteca Auxiliar del Archivo Histórico de Lleida. En cuanto a archivos, los que recogen el fondo eclesiástico son el Archivo Capitular de la Catedral y el Archivo Diocesano. El Archivo Capitular recoge también fondos pertenecientes a la antigua sede catedralicia de Roda de Isabena (Ribagorza), que fue la que precedió a Lleida, y también fondos del Archivo de la Colegiata de Àger. Se dispone también de un archivo notarial y del Archivo Histórico de Lleida, de carácter comarcal y provincial, que pertenece a la red de la Generalitat y recoge documentos que van del siglo XIV al XX. También perteneciente a la red Generalidad está el Archivo Central Administrativo de la Delegación Territorial del Gobierno de la Generalidad de Lleida. Asimismo son consultables los fondos del Archivo Municipal de Lleida y los del Archivo Central de la Diputación de Lleida. Finalmente, cabe destacar también como archivos de consulta pública del Archivo Histórico del Centro de Documentación del Colegio de Arquitectos de Lleida y el servicio del Archivo de la Fundación del IEI, con un fondo muy variado, pero que contiene valiosa documentación medieval y moderna. Cabe destacar también el fondo fotográfico del Ateneu Popular de Ponent, donde domina la fotografía local del comienzo de siglo y donde uno puede remontarse hasta los inicios de la fotografía, a mediados del siglo XIX. Lleida ha aportado a la historia gran cantidad de personajes a lo largo de los siglos. Dentro del mundo de las artes debe hacerse mención especial de los músicos que ha proporcionado la ciudad a la cultura, entre los que destaca Enrique Granados i Campiña (1857 a 1916). Si entramos dentro del campo de las letras, se encuentra personajes como Màrius Torres i Perenya (1910- Sant Quirze Safaja 1942), que destacó por su poesía, y el escritor y traductor Josep Vallverdú y Aixalà (1923). Entre los historiadores destaca sobre todo Josep Lladonosa i Pujol (1907-90) que, a pesar de nacer en Alguaire, merece ser mencionado, ya que sus trabajos históricos sobre Lleida han hecho avanzar extraordinariamente el conocimiento de la historia de la ciudad. En el campo de las ciencias fueron muy destacables los trabajos de botánica de Pius Font Quer (1888 -Barcelona 1964), fundador del Instituto Botánico de Barcelona y del Jardín Botánico anexo a los edificios de este.

 

el folclore

 

Entre las fiestas más representativas de Lleida si se hace un recorrido anua, hay que empezar por mencionar la fiesta de Sant Antoni, el 17 de enero, que incluye una cabalgata con caballos y carrozas. La Cooperativa Agrícola Práctica es la encargada de preparar el desfile de carrozas con motivos agrícolas que transcurre por las calles durante este día. En febrero la celebración más importante es el Carnaval, que se ha convertido una de las festividades más vividas por los leridanos. El mercado de los Disbarats, el baile del Vermut y el desfile del sábado son algunos de los actos que incluye. La fiesta se documenta desde el siglo XVI. Durante la Semana Santa abundan los pasos y las procesiones, entre las que cabe destacar la de els Dolors, el Domingo de Ramos, con la participación de los armados, y la procesión del Santo Entierro, el Viernes Santo , también con la presencia de los armados. El mes de mayo es la Fiesta Mayor de Lleida o fiestas de Mayo, que se celebran en honor de Sant Anastasi, patrón de la ciudad . Antiguamente se hacían numerosos bailes y actos populares y modernamente cabe destacar el pasacalle, que incluye gigantes, cabezudos, majorettes y la antigua figura de lo Marraco, dragón representativo de la ciudad. Este dragón, está documentado al menos desde el siglo XVII, aunque el que se utiliza actualmente data de 1957. Otros elementos de la Fiesta Mayor son el desfile de carrozas, que incluye la batalla de las Flores , o la fiesta de Moros y Cristianos, que es una escenificación histórica del combate de los dos ejércitos en las calles de la ciudad y al pie de las murallas de la Seu Vella. El fin de semana siguiente a la Fiesta Mayor o de Sant Anastasi, se celebra el Aplec del Cargol, uno de los platos tradicionales de Lleida. Aprovechando la noche de Sant Jaume (del 24 al 25 de julio) tiene lugar la procesión de els Fanalets de Sant Jaume, que protagonizan sobre todo los niños, quienes pasean con sus lámparas encendidas por las calles de la ciudad. Durante los meses de verano, los diversos barrios de Lleida como Balàfia o els Magraners, celebran cada uno su Fiesta Mayor. En septiembre hay que mencionar las fiestas de Tardor, que coinciden con la Feria de Sant Miquel. Vuelven a salir los cabezudos y lo Marraco y también se celebran fuegos artificiales y conciertos.

 

Otros lugares del término

 

Llívia , los Mangraners y la Bordeta

 

El barrio de Llívia que centra lo que es hoy una rica partida agrícola, con muchos frutales y cultivos de huerta, se encuentra a pocos kilómetros del centro urbano de Lleida, al NW. Había tenido el molino de Guillem de Bassella (1194), repoblador procedente del Solsonès que el mismo año cedió una torre al ceretano Bernat de Llívia, repoblador que dio nombre a la partida. En el lugar de la cruz de Bassella, gótica y restaurada, se formó una barriada, con iglesia, escuelas, casa de campo y chalets. El barrio de los Magraners, a 2 km de la ciudad, junto a la carretera N-240, por donde transcurre el camino viejo de Lleida, cerca del cementerio y el camino de la Bordeta. Antaño estaba el campo de aviación del Aeroclub de Lleida. En 1948 se empezó a poblar por inmigrados andaluces. Aunque Vilanoveta se despobló a mediados del siglo XVII, los molinos de Sant Anastasi, que en 1716 eran del común, siempre fueron usados. A su alrededor surgió un hostal (1787) que dio nombre al nuevo arrabal, la Bordeta. Avanzada la centuria siguiente se fue poblando de casas de campo, torres de esparcimiento y, tras la guerra civil de 1936-39, de inmigrados de toda la península. Hoy es el barrio más populoso de Lleida. La partida de Albarés, que forma parte del barrio de la Bordeta, pero que se encuentra a 1 km del núcleo de población, está junto la costa de Pals (camino de Artesa). Basculaba entre las señorías de Pedrós y de Albatàrrec. Su origen fue un pequeño y efímero monasterio dedicado a San Pere que se menciona justo después de la conquista y que en 1168 era una simple parroquia dependiente de la Seu de Lleida. Todavía en 1159 debía conservar el carácter monástico. De muy escasa población (sólo 4 o 5 personas en los siglos XVI y XVII), el lugar fue utilizado como Hospital de Leprosos. A principios del siglo XVIII, la iglesia, de un románico primitivo, fue transformada en masía, conocida como la Torre d’en Gabelo, que fue derribada hacia el 1960 y en su lugar se construyó una tejería.

 

Sucs, Suquets y Raimat

 

Sucs y Suquets pertenecían ya, en los días de la conquista, a la Iglesia de Lleida. Sucs se menciona en el Ordinatio Ecclesiae ilerdenses del 1168. El caserío se localiza entre Raimat, Almacelles y Gimenells. La iglesia pertenecía a la pavordía de Sant Llorenç. Sucs, en el extremo de poniente del término, tenía, en 1365 , 53 viviendas con el arrabal de Suquets, que en 1405 el capítulo señala como lugar protegido por el rey. En la guerra contra Joan II disminuyó notablemente la población. El 1497 había 9 fuegos, los mismos que en 1515, y en 1553 había 1 . En las Actas de la Paeria de 1696, Sucss consta como despoblado, además de los de Almacelles, Montagut, Gimenells y las Torres de Sanui. En 1700 se empezó a repoblar , que el desastre de 1707 truncó. A partir de 1944 el sitio será repoblado y cultivado, con Suquets, por el Instituto Nacional de Colonización. En un pequeño montículo sobre el pueblo está el parque del Vilot que incluye las ruinas del castillo de Sucs, con la vuelta de un sótano muy antiguo y su lado los restos de la notable iglesia románica, del siglo XII, que estaba dedicada a Sant Miquel. Entre Almacelles y la Clamor Salada, el núcleo de Raimat es en el extremo occidental del término de Lleida, más allá de la Cerdera. Existió un castillo árabe, que después de la conquista (1149) fue otorgado a Guerau de Jorba, uno de los caballeros que acompañaron a Ramon Berenguer IV. Posteriormente, la señoría pasó a la Pia Almoina de la Seu de Lleida, y su iglesia, en 1168, fue incorporada a la pavordía de San Joan del Segrià. Tras la desamortización, el lugar de Raimat revertirá en la ciudad de Lleida y años después será adquirido por la empresa Raventós y Codorniu de Sant Sadurní. El llano de Raimat se colonizó intensamente gracias al canal de Aragón y Catalunya (1910) y en la derivación del canal de Vallmanya, mientras que las aguas sobrantes son hoy drenadas por el rio de Raimat. Los Raventós , de Sant Sadurní d’Anoia construyeron en 1918 las bodegas Raimat, obra de Rubió i Bellver. Con viñas importadas de California y con una moderna tecnología, se elabora vinos de calidad, que tienen la Denominación de Origen Costers del Segre. Los Raventós cedieron a principios de siglo XX unas tierras a los jesuitas que en 1953 establecieron un noviciado, en 1970 transformado en colegio de Sant Pere Claver para chicos y chicas. En Raimat, en el mes de septiembre se celebra la Fiesta de la Vendimia.

 

Gualda , las Balsas de Alpicat , las Torres de Sanui , Butsènit y Rufea

 

Gualda es una casería con numerosas masías dispersas, situada al N de la ciudad de Lleida. Las Balsas de Alpicat también es una casería, extendida entre la autovía N-II y la N-240, en el NW de Lleida. Las Torres de Sanui era un pueblo fortificado, que se menciona ya en los días inmediatos a la conquista. Está en el fondo de un valle a 5 km de Lleida, por el antiguo camino de Vallcalent y al pie de la Serra Llarga, entre las Collades, Fontanet Curt y el Tossal Roig. El 1168, la iglesia de Sant Salvador fue agregada a la parroquia de Sant Martí. El 1429 había 26 fuegos, pero los censos de 1429 al 1453 mencionan 35 fuegos. Según el censo de 1497 había 22 albergues, en 1515, 25, y en 1553, sólo 7. El pueblo, como los demás de los alrededores, desapareció en la guerra de los Segadors. En 1942 aún se conservaba la muralla del pueblo fortificado, con el portal y también la iglesia románica de Sant Salvador, entonces conocida como Torre de la Cristina. Los últimos años del siglo XX, esta zona se ha convertido en un importante centro agrícola, con cultivos intensivos de huerta, bastante poblado. La casería de Butsénit, está formada por un buen número de masías dispersas. Ocupa la partida homónima, que se extiende al oeste de Rufea, a la derecha del Segre, dentro del ámbito del antiguo lugar de Rufea. Están el santuario y parroquia desde 1950, de Santa María de Butsénit y se celebra una romería el 8 de septiembre. En cuanto a Rufea era una villa sarracena que en el reparto de Lleida (1149) se extendía desde la Corda de Gardeny, otorgada a los Templarios, hasta el término de Alcarràs (Comajuncosa), entre el Segre a mediodía y tramontana a lo largo del altiplanicie entre Gardeny y Malgovern . La colonización se inició pronto. El 1164 Arnau de Puentes y Ramon de Tarascón, dos repobladores citados entre los maiores de Lleida, hicieron cartas de donación de los alodios que poseían a Rufea (lugar que se ha localizado en la llamada Torre del Roig). El 1168 el obispo disponía de los diezmos de los sarracenos de Rufea. Su iglesia pertenecía a la pavordía de Sant Llorenç. El sitio de Rufea había sido concedido a Gombau de Ribelles, que en 1179 hacía donaciones a los Templarios y disponía de ser enterrado en Santa Maria de Gardeny. El lugar no será repoblado definitivamente hasta la carta de población del 1199. El 1208 el lugar pasó del dominio de los Ribelles al de Poblet, pero poco después pasará a la corona y será, desde el reinado de Jaume I, pueblo de contribución de Lleida, mencionado en las Consuetudines ilerdenses de Guillem Botet, promulgadas en 1227. en el censo de 1497 había 21 fuegos; en 1515 había 22 y en 1553, 19. La zona superior de Rufea, Rufea Soberana, hoy es partida de Butsènit, y la zona inferior, Rufea Jussana (desde la Torre del Roig hasta la Corda de Gardeny), en la actualidad llamada Rufea Gensana. Hasta no hace muchos años, en la linde entre el término de la ciudad y el de Rufea, estaba la cruz del Batlle, gótica. La expulsión de los moriscos (1610) y la guerra dels Segadors significaron la desaparición de las dos Rufea. Hoy hay masías con frutales y granjas e industrias derivadas de la agricultura.

 

Antiguos lugares y el monasterio de Sant Ruf

 

Cerca de los Alamús está el antiguo lugar de Almoradilla, llamado antiguamente Almenarilla, donde estuvo el castillo de Almenarilla, y poblado en dos colinas cerca de la carretera N-II, al este de Lleida. El lugar, que como su nombre indica existía ya bajo el dominio almorávide, fue una donación de Ramón Berenguer IV, del 6 de noviembre de 1149 (pocos días después de la conquista de Lleida), a Ramon Guillem de Vall- llebrera y la su mujer como premio de los servicios "quod mihi fecistis in obsidione Ilerde". Los límites del territorio otorgado eran los caminos que iban a Agramunt, Anglesola y Cervera, con el valle de la torre de " Sulled sicut ascendido por limitamos que vadit ad Parietaria de Mirhet". El antiguo lugar, que en 1177 tenía veinte casas habitadas, subsistió al menos hasta mediados del siglo XIV. En el XVIII, cuando ya era un erial, se construyó la torrecilla de señales. Modernamente hay algunas torres, casas de campo y granjas. La torre de la Cogullada estaba en la sub-partida de Montlleó, entre los términos de Lleida, Artesa y Torregrossa, en el interfluvio del canal de Urgell y el río Set. Del pueblo, abandonado, sólo queda la fachada románica de la iglesia. La Cogullada aún subsistía el siglo XV, mientras que Montlleó ya estaba abandonado. El lugar de las Cladelles, en 1185 era de Boixadors y 1225 de Arnalda de Cladelles; este pueblo y del Astor (cuatro casas en 1365) estaban cerca del término de Aspa. Junto al despoblado del Astor están las famosas canteras que proporcionaron el material para el palacio de Aspa y para la Seu Nova de Lleida. La Cogullada, como estos otros pueblos, fue hasta en 1471 de la contribución de Lleida, pero este año la Paeria, por deudas de guerra, la vendió. De 1697 al 1717, la Cogullada, Vinatesa (entre el Astor y laFemosa), el Astor, Soldeu y Grealó (una antigua propiedad de la familia Gralla que en 1365 tenía 24 casas) eran despoblados de la clerecía de la sede, la que arrendava los pastos. Ahora son tierras agropecuarias de propiedad particular, donde hay casas rurales y chalets. El Palau de l’Horta estaba ante el cementerio municipal y ocupaba la parte meridional de lo que es ahora el polígono industrial del Segre, y que hasta el 1970 fue un campesinado, llmado la Torre del Pastoret. Fue una donación de Ramón Berenguer IV al obispo de Lleida; había sido una granja del sarraceno Avinsocorra Alfandir, con mezquita y media docena de viviendas que el obispo Guillem Pere repartió entre los repobladores. Se denominó primeramente Palacio del Obispo, pero en 1370 ya está documentado como Palau de l’Horta (entonces había 14 fuegos). En el siglo XVIII se llamaba Palauet y tenía sólo cuatro familias. Desde 1643 hasta 1808 fue ocupado por los frailes trinitarios que en la guerra de los Segadors habían perdido el antiguo convento del Cappont (fundado en 1204 por San Juan de Mata). Al marcharse los frailes, los restos de edificaciones llamaron la Torre del Pastoret . No muy lejos de Palau, un tal Nicolau y su esposa Salerno construyeron en 1162 un hospital para peregrinos , que en 1220 era utilizado para leprosos de San Lázaro. Modernamente, las industrias del polígono del Segre ocupan toda la antigua partida. Cerca del Segre se encuentra el santuario de la Virgen de Granyena, que ya existía en 1306. Afueras de Lleida, al NE de la ciudad, están las ruinas del monasterio de Sant Ruf, de canónigos regulares, que vinieron de Aviñón en 1152. Sólo queda el ábside y el crucero de la iglesia, con columnas de doble trazado y capiteles lisos que sostienen los arcos de la bóveda apuntada, del siglo XIII. El hecho de que ante el ábside haya un muro, con un ventanal y un contrafuerte, no muy posterior al templo, indica que éste no se debía terminar. La tradición, aunque viva en la partida de la Plana del Obispo, según la cual la comunidad sucumbió por causa de una gran pestilencia, concuerda con el hecho histórico de que a finales del siglo XIV la casa de Sant Ruf ya pertenecía a la mitra.

 

Los restos arqueológicos

 

Son muy escasos los restos que se han documentado en el municipio de Lleida con anterioridad al bronce final (se excluyen los datos de la ciudad), época en que la información se incrementa considerablemente. Los primeros restos documentados son paleolíticos, en el taller de sílex de la Roqueta, con una datación que correspondería al Paleolítico Medio. Ahora bien, no se han llevado a cabo excavaciones y lo único que hay es material en superficie de tipo musteriense. Otro taller de sílex presenta una datación mucho más cercana, ya del neolítico (yacimiento de Astor - Cadolles). Según la Carta Arqueológica del Segrià, hay bastante información de la edad del bronce, y casi todos los yacimientos que se han documentado presentan un inicio durante el bronce final, lo que hace pensar que esta zona tuvo un incremento importante de población durante esta época. Hay que diferenciar tres grupos de yacimientos. Por una parte, aquellos de los que sólo es posible obtener noticias históricas; por el otro, los que presentan restos arqueológicos fiables en superficie, pero nunca han sido excavados y , finalmente, los que han tenido algún tipo de actuación arqueológica. Para la edad de bronce la mayor parte de los yacimientos caen dentro del segundo grupo (Tossal del Alzineta, Torre Solans, Torre Pujol, etc). Los únicos yacimientos que han tenido algún tipo de actuación arqueológica han sido los del Tossal de Almoradilla, que ha permitido documentar una ocupación considerablemente larga, con materiales que van desde el bronce final, tienen continuidad durante el período ibérico y mueren con el ocupación romana. Posteriormente aparecen de nuevo restos, ya datables en época medieval, mientras que el cerro está coronado por una torre de vigilancia que parece ya de época moderna. También se han hecho varios trabajos en el Puig Pelegrí, primordialmente prospecciones que han permitido documentar un yacimiento cronológicamente datable al final de la edad del bronce y a comienzos de la edad del hierro, a pesar de no tener continuidad posterior. Del periodo ibérico, cabe destacar principalmente el yacimiento de la Femosa (a unos 3 km de la Bordeta, en dirección a Albatàrrec), ya que se sabe cuál era la localización del poblado y también que hubo una necrópolis asociada y de la que se recuperaron algunas urnas hoy guardadas en el Instituto de Estudios Ilerdencs. El ya mencionado yacimiento de la Roqueta, a unos 3 km al NE de Artesa de Lleida, permitió descubrir años atrás varios restos de muros y fragmentos de cerámica a torno de época claramente ibérica, algunas de ellas pintadas. Los yacimientos de época romana son los mejor documentados y los más abundantes. Fundamentalmente se trata de villas que debían estar vinculadas al entorno urbano de Ilerda. En muchas se documenta también cerámica ibérica, producto del período de romanización. Se sabe con seguridad que fueron villas romanas los yacimientos conocidos actualmente con los nombres del Tros del Barbutxo, les Fonts, la Font de Grealó o Raimat, entre otros. También se han documentado algunas necrópolis de datación romana o romana tardía (Torre Andreu, la Femosa). Hay que decir, sin embargo, que muchos de estos yacimientos surgieron en un momento determinado y desaparecieron tragados por construcciones modernas o nuevas vías de comunicación.

 

la historia

La prehistoria y la antigüedad

 

Parece que se puede encontrar población en la actual área de la ciudad de Lleida al menos desde el bronce final, que aparecen restos de población en el monte del Castell. Los hallazgos en este lugar documentan una continuidad del poblamiento que lleva a la iberización a partir de los siglos VII y VI aC. Los íberos de Lleida se inscriben históricamente en la zona protohistórica de la Ilergècia y son conocidos por historiadores y arqueólogos como ilergetes. Tanto los autores clásicos como los diversos hallazgos arqueológicos de monedas permiten identificar este núcleo primitivo de población como Ilerda o Iltirta. En aquella época, su importancia e influencia debieron ser ya considerables, y así se extendió por encima de otros núcleos de población de menor presencia. Se cree que el territorio ilergeta comprendía las tierras que iban desde el Ebro a la sierra de Montsec y desde el Cinca a la sierra de la Llena y los contrafuertes de la Alta Segarra. Los íberos de Lleida consiguieron influencia por la importancia estratégica del lugar que ocupaban. Por esta misma importancia estratégic , la ciudad no abandonó nunca el carácter de fortaleza y todas las invasiones, todas las culturas han dejado su sello sobre las piedras milenarias y en la toponimia ciudadana. Parece que el poblado que precedió a la ciudad iberoromana edificó en lo alto de la Roca Soberana y que ensanchó sucesivamente hasta ocupar todo el llano inmediato. Bajo la dominación romana, la ciudad se expandió hasta la explanada bajo el portal del Sas, apertura artificial practicada en la Roca Mitjana, quizá por ingenieros romanos pero con técnica ibérica. El nombre del portal, mencionado los años inmediatos de la conquista cristiana de Lleida (1149), puede venir del latín saxum, que significa "roca”. Sucesivamente, la ciudad llegó hasta el llano de la Roqueta. Parece que el perímetro de dicha ciudad iberoromana tenía la forma de un cuadrilátero irregular, estrecho al N y abierto a poniente y probablemente, como la mayoría de ciudades fortificadas de la época, debía de tener cuatro portales de acceso. Esta debía ser la extensión urbana de Lleida en los días que Julio César vencía al ejército pompeyano en las inmediaciones del Segre el año 49 aC. De la ciudad de Lleida, que obtuvo la categoría de municipio en tiempos de Octavio Augusto en el siglo I dC y que acuñaba moneda, poseemos información de fuentes escritas y arqueológicas en la época del Imperio. Ya César (que estableció en Lleida su base militar contra los pompeyanos Afranio y Petreio), a sus Commentariorum belli civilis menciona los muros pétreos que daban un carácter inexpugnable en la ciudad (que parece que son los mismos muros puntiagudos, cortados a golpes de pico de la Roca Soberana). Lucano, en el siglo I, en la seva Pharsalia explica que Lleida se alzaba sobre una colina, dominando la llanura abundante y fértil, que sus cimientos fueron construidos por una mano antigua, y que el Segre estaba atravesado por un puente de piedra con una gran arcada, lo suficientemente fuerte para resistir las riadas de la invernada. Este puente romano sobre el Segre subsistió íntegramente hasta la gran riada del 1329. La existencia del puente que menciona Lucà debía favorecer que la ciudad se expandiera por este sector, mucho más roto y pendiente que el de poniente, que debía ser protegido, ya de antiguo, por una prolongación de las murallas, para asegurar la comunicación del puente con la encumbrada Ilerda. Estas murallas que descendían hasta el arenal del Segre, por la costa de Sant Joan y por la de Sant Andreu, debían favorecer el poblamiento del que los leridanos modernos llaman barrio del Canyeret. En 1970, cuando se derribó este antiguo barrio, aparecieron tramos de muros y restos de torres. Cerca del arenal del Segre nació el foro o mercado, cerca del puente. Este será el origen de la plaza de Sant Joan, donde parece que hubo las mejores construcciones en tiempos del Imperio, como un templo en honor de Hércules.

 

La alta Edad Media

 

En cuanto al desarrollo de la ciudad durante el tiempo de dominio visigodo, nada podemos señalar concretamente. Se sabe que el 449 Requiari, rey de los suevos, saqueó la ciudad y se llevó cautivos todos los vecinos notables, para cobrar un buen rescate. El 546, en Lleida se celebró un Concilio, las actas son el único documento que da una cierta luz sobre la ciudad visigoda. Todo hace creer que la ciudad conservó y reforzó las fortificaciones romanas y como, con alguna excepción, la dominación germana transcurrió en paz, la ciudad debía crecer por la costa mencionada del Canyeret y junto a las vías que conducían al puente sobre el Segre, originarias de la Carrera Major y la Carrera Mitjana, de capital importancia urbana en la historia de Lleida.

El historiador É. Lévi -Provençal aporta noticias interesantes de la ciudad sarracena en los días del califato de Córdoba, transcritas de la crónica de al- Himyan, del siglo IX. Según esta crónica, "Lleida es una ciudad importante de la frontera de Al -Andalus, población antigua, construida en la ribera de un río procedente de la Galia que tiene por nombre Sikar, del que se extraen cantos de oro puro. Lleida, situada al E de Huesca, fue destruida en gran parte y repoblada; pero Ibn Isma'il ibn Musa ibn Lobo ibn Qasi, el año 270 de la Hégira (883-884), la rehizo. En la cima hay un castillo inexpugnable contra cualquier ataque y en condiciones de aguantar el asedio más prolongado. En el borde de esta ciudadela se alza una catedral-mezquita, de bella arquitectura, que fue edificada en 228 (832). La ciudadela domina una amplia explanada que se llama Maski -Kan. La ciudad de Lleida tiene una huerta muy rica, aunque las tierras de sus alrededores son estériles. Distribuidos por la huerta se ven muchos jardines y árboles frutales en abundancia. Sus pobladores se han especializado en el cultivo del lino, del que hay muchas plantaciones que producen buenas cosechas y de excelente calidad. El lino se exporta a todas las comarcas de las zonas fronterizas". En este relato vemos mencionados los rasgos perennes que siempre han dado carácter a Lleida: un bastión poderoso en la cima de un río fertilizante, con la fama de sus arenales auríferos y una huerta fecunda en el llano. Hay que añadir, además de los obradores donde se trabajaba el lino, los que trabajaban el esparto y el algodón, así como la fabricación de los cueros cordobeses, tan codiciados. La fortaleza descrita por el cronista al- Himyan , se llamaba entonces la Suda. Durante el dominio sarraceno, en la ciudad de Lleida debían residir cristianos, que convivieron pacíficamente con los árabes la mayor parte de las veces. A lo largo de los cuatro siglos de hegemonía musulmana subsiste el elemento latino, el romanismo, testimoniado en patronímicos de origen anterior a la invasión: Llop, Fortunyols, Qasi (de Cassius), Gay (de Gaius) etc., Y en vestigios literarios que reflejan la existencia de una lengua románica o romance, el mozárabe, las variantes dialectales de la que, aunque sometidas a la influencia arábiga, debían parecerse al habla de los cristianos del Urgell y la Segarra. La lengua arábiga sólo debía ser hablada correctamente por los funcionarios de los emires y para las personas más cultas. En documentos posteriores a la conquista de Lleida encontramos mencionado el Romeu o “vicus” donde habitaban los cristianos en tierra de moros, mientras que en Lleida los judíos vivían en la Cuirassa y, una vez recristianitzada la ciudad, veremos los sarracenos recluidos en la Morería. Así, las dos religiones no afectos al Corán debían permanecer localizadas en la antigua vía general romana. Parece que el principal lugar de vivienda de los cristianos era la zona del Romeu (actual calle de Caballeros, poniente de la Suda). De hecho, por todo lo expuesto, podríamos atribuir el origen del poblamiento del Romeu y de la utilización de la fortaleza árabe de la Cuirassa (el territorio iba desde la vertiente de la Roqueta en la actual calle de la Palma, llamado el Asoc. (Zoco) los últimos tiempos de la dominación sarracena) al deseo que desde principios debían sentir los árabes conquistadores de situar en un lugar propio para los cristianos y los judíos refractarios a la asimilación musulmana. La ciudad de Lleida fue conquistada a los sarracenos por las fuerzas de Ramon Berenguer IV y Ermengol VI de Urgell el 24 de octubre de 1149. Antes, ambos condes habían acordado que la soberanía directa de la ciudad y de sus términos correspondería al de Barcelona, que la concedería en feudo al de Urgell. En cuanto a la propiedad señorial, el primero recibiría las dos terceras partes de la urbe, mientras que el segundo obtendría una tercera parte. El obispo de Roda de Isábena, Guillem Pere de Ravidat , que había venido a Lleida con los condes de Barcelona y de Urgell, creyéndose sucesor de los antiguos prelados visigóticos, tomó a su cargo la restauración de la Iglesia leridana. El 30 de octubre de ese mismo año se consagró solemnemente al culto católico la mezquita mayor de los sarracenos, y los condes, de acuerdo con un breve de Urbano II, concedían a la Iglesia toda clase de diezmos y primicias, además de las mezquitas de la ciudad y sus bienes. Ejerciendo el dominio efectivo sobre la ciudad, los conquistadores la dotaron de una carta de población, instrumento jurídico para lograr su repoblación, ya que había que llenar el vacío dejado por los sarracenos vencidos. De estos, los que quisieron permanecer, tuvieron que trasladarse junto al portal del Asoc, ya que el resto de la ciudad fue reservada a los repobladores. La carta de población, que afectaba no sólo la ciudad intramuros sino también su territorio extramuros, entendidos ambos como una unidad inseparable, favoreció notablemente la afluencia de repobladores (venidos mayoritariamente de Osona, Berguedà, Solsonès, la Ribagorça, Pallars, la Segarra y la Noguera), que no sólo ocuparon las viviendas vacias de las parroquias en el interior de la urbe, sino que formaron nuevas agrupaciones humanas extramuros, como las que surgen pocos años después de la liberación de Lleida. Mientras Lleida quedó bajo el dominio de dos señores, el municipio fue regido por dos castellanos representativos de la autoridad de aquellos. Por el conde de Barcelona fue nombrado Guillem Ramon de Moncada, y por el de Urgell, Guillem de Cervera. Este régimen desapareció en 1228, cuando el conde rey Jaume I, de acuerdo con la condesa Aurembiaix d’Urgell, reintegró a la corona la totalidad de la señoría. Desde entonces, y para siempre, Lleida se convirtió en una población de fuero real.

 

La baja edad media

 

La prosperidad de Lleida contribuyó durante el siglo XIII a la del Principado. La época de las mayores realizaciones urbanas coincide con la de más pujanza de la corona catalanoaragonesa. Lleida obtuvo en 1213, en tiempos de Pere el Católic, el uso y la señoría de los riegos de la huerta y se celebró la primera corte general. Jaume I libró la ciudad de toda atadura feudal y puso los cimientos de su poder municipal. Las huestes leridanas pugna victoriosamente en Mallorca y Valencia y se mostraron heroicas y abnegadas en Panissars. En 1300 Jaume I creó el Estudi General y en tiempos de Pere III se consolidó el organismo foral de la Paeria. Lleida precedió en el tiempo y en importancia el núcleo textil barcelonés: a finales del siglo XIII y principios del XIV los tejidos leridanos estaban extendidos por Aragón, Catalunya, Valencia y, incluso, Marsella. El gran despliegue de la marina barcelonesa posterior y la rotura con Francia (1283) motivaron la decadencia progresiva de la industria de Lleida, de manera que a finales del siglo XVI fueron inútiles los intentos de la Paeria para revitalizarla. Durante el siglo XIV la decadencia se había agravado con las pestes de 1348 y del 1380, y también contribuyeron las banderías, singularmente durante la lugartenencia de la reina María, esposa de Alfonso el Magnánimo. En tiempos de Joan II, Lleida tuvo que soportar una de las mayores tragedias de su historia. En Lleida empezaron las perturbaciones que caracterizaron el reinado de este soberano, con motivo de la inauguración de la Corte General de 1460 y el encarcelamiento del príncipe de Viana, hijo primogénito de dicho monarca, y que contribuyeron a aumentar la tirantez entre Joan II y los catalanes. El rey, a pesar de la concordia de Vilafranca, a principios de junio de 1462 invadía el Principado por las tierras del Pla de Lleida, y dos años más tarde, la ciudad se veía sometida a un asedio que duró desde febrero hasta julio del 1464. La ciudad capituló después de haber luchado encarnizadamente. Joan II perdonó los leridanos con la promesa de devolverles las libertades y los privilegios, pero no se fue sin ver el derribo de más de 400 edificios, de gruesos paños de muralla y los portales de Magdalena y Sant Antoni por las minas subterráneas y las bombardas. La guerra aún se prolongó ocho años. Lleida, ciudad vencida, tuvo que pagar duras contribuciones que dificultaron la restauración.

 

La edad moderna

 

Al reinado de Fernando I el Católico empezó en Lleida un período de estancamiento que había que prolongar, bajo el dominio de los Austria, hasta las guerras del tiempo de Felipe IV. Este periodo decadente sólo se vio alterado por la pugna de las oligarquías que se disputaban el poder municipal y por los intentos de algunos gremios de hermanarse contra los señores, imitando las Germanías de Valencia. El clero, cuando surgía una peste, organizaba plegarias y romerías, y los caballeros e hidalgos reunían en la Cofradía de Sant Jordi. La paz, de hecho, sólo estaba turbada por el bandolerismo. La población, sin embargo, continuó creciendo. Pronto Lleida se despereza de este letargo. La pugna de Catalunya con el conde-duque de Olivares, que movió el Principado a reconocer la soberanía de Luis XIII de Francia, arrastró también la ciudad en la lucha. En otoño de 1640, el lugarteniente de Catalunya, mariscal de La Mothe, envió para comandar la plaza de Lleida al general M. de Rogles, que vino acompañado de militares franceses. El nuevo gobernador, espoleado por los preparativos bélicos que efectuaba en Aragón el ejército de Felipe IV de Castilla, planeó la construcción de una gran ciudadela en la cima del monte, obra que se convirtió en el inicio de una perfidiosa tarea destructiva, de resultados muy funestos para la ciudad. El 6 de enero de 1641 se puso la primera piedra de un baluarte que debía proteger el castillo del Rey, y el antiguo portal del Sas se convirtió en una puerta de enlace para comunicar una nueva línea de murallas construidas bajo la dirección de M. de Saint-Pol. Empezó la destrucción del barrio levítico de la Suda y, al mismo tiempo, el aislamiento de la Seu del resto de la población. Estos trabajos de fortificación sirvieron de poco. El 2 de agosto de 1644 Lleida se sumaba a la obediencia de Felipe IV tras un breve asedio. El rey entró en la ciudad y, tras jurar sus privilegios y libertades, encomendó el gobierno de la plaza Gregorio Brito, militar portugués que continuó las obras de la ciudadela y de derribo de la Suda. Así, Lleida se encontró preparada para soportar el asedio más catastrófico de su historia. El 12 de mayo de 1646, Enrique de Lorena, conde de Harcourt, deseoso de hacer volver la ciudad a la obediència del rey de Francia, el sitió con un ejército de 20 000 infantes, 3600 caballos y un poderoso abastecimiento de artillería y de víveres. La ciudad, que había permanecido descontenta de la actuación del general Robles, de buen grado se puso a las órdenes de Brito y resistió durante seis meses, durante los cuales se dieron muchos ejemplos de heroísmo; se destruyeron viviendas, hubo hambre, mortandad y privaciones y la ruina de la ciudad fue inevitable. Mientras tanto, el marqués de Leganés, gracias a una estratagema, consiguió engañar al conde de Harcourt y librar Lleida el 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, por lo que el sitio es conocido como sitio de Santa Cecilia. Aunque un año después, la ciudad fue atacada por el príncipe de Condé, infructuosamente. Por causa de esta guerra quedaron despobladas todas los caseríos de la huerta y algunas villas del entorno, así como la totalidad de los monasterios extramuros. Después de las guerras del reinado de Felipe IV, siguieron varios años de paz que los historiadores actuales llaman de neoforalismo. Se beneficiaron la agricultura y los estudios universitarios. Hubo una rectificación del trazado de la muralla para reducir su perímetro. La paz de 60 años dentro del neoforalismo, en realidad, constituyó una especie de tregua, una preparación para la nueva tragedia, la derrota de 1707. Lleida, que en diciembre de 1700 recibió con alegría Felipe V y que festeja el fracaso de la ataque del archiduque contra Barcelona en 1704, buscó pronto en la dinastía austríaca la permanencia de unas libertades que no estaban aseguradas bajo los Borbones. Aprovechando los progresos que en las comarcas vecinas iba obteniendo el rey- archiduque, que ya se llamaba Carlos III, la ciudad lo reconoció como soberano el 22 de septiembre de 1705. Como se preveía un ataque del enemigo, el Consejo de la Paeria nombró una Junta de prohombres de Guerra para preparar la defensa. En efecto, a primeros de septiembre de 1707, un ejército de 40 000 hombres, comandados por el duque de Orleans, acosaba Lleida. La resistencia fue vencida por la artillería francesa el 2 de noviembre, cuando ésta perforó las murallas de Magdalena, mientras la infantería borbónica se lanzaba al asalto y la ciudad sufría el más duro de los saqueos, ya que ni siquiera se respetaron los refugiados en las iglesias, en su mayoría procedentes de los pueblos de comarcas. Sometida la ciudad, su mando fue entregado al general Jean Chrétien de Landas, conde de Louvigny, el cual, como primera providencia, ordenó cerrar la Seu al culto y destinarla a cuartel militar. Posteriormente, Felipe V, por un decreto del 17 de agosto de 1717, suprimió el Estudio General y, dos años más tarde , se abolió el Consejo General de la Paeria. La antigua ciudad foral, surgida en el siglo XII, había sido vencida definitivamente. Las familias antiguas, dirigentes del movimiento antiborbónico, habían huido y permanecían en el exilio, mientras que el Segrest Ral se había apoderado de sus bienes. La ciudad, convertida en cabeza de corregimiento, dependía del Consejo de Castilla y los asuntos municipales eran dirigidos por un ayuntamiento de su majestad. La clerecía y las órdenes religiosas, con las rentas disminuidas, levantaron iglesias y conventos nuevos con materiales pobres y sin ningún estilo. Sólo en la Seu Nova se divisa una concepción monumental . Los registros del Catastro Rea, a partir de 1716, confiesan la falta de moradas, la gran cantidad de viudas y el gran número de familias que vivían en cuevas, establos, los campanarios de las iglesias y las viviendas arruinadas. El conde de Louvigny, al cerrar la Seu Vella y derribar los edificios que aún había dentro de la ciudadela, hizo imposible la rehabilitación del antiguo barrio de la Suda. Los sucesores de Louvigny en el gobierno de la plaza, marqués de Dubus, conde de Cron, Enrique de Wijelz, etc., Continuaron el engrandecimiento de la ciudadela a costa de la ciudad alta, y por un decreto real se prohibió edificar a cierta distancia de las murallas, lo que provocó más escombros. En pocos años, pues, desaparecieron de la toponimia leridana nombres tan evocadores como el Bonaire, Joglars, la Roqueta, la Cendrosa, Peralta, Pare Carnisser, Teixidors, el Crucifici del Degà, Pla de los Gramàtics, Cellers, Òdena, Moncada, Montaragó, la Cartoixa, etc., Y si alguno ha sido empleado de nuevo, como el de la Suda para designar el antiguo castillo del Rey, su uso es de carácter erudito, no popular . Hasta que no caduca dicha prohibición, muchas familias humildes se construyeron casas con cañas, barro y cantos en las laderas de la costa de San Joan. Nacía el Canyeret.

 

El siglo XIX

 

Tantas medidas defensivas no sirvieron de nada cuando, el 10 de mayo de 1810, el mariscal Suchet con un ejército de 13 000 hombres estableció el sitio de Lérida. La defensa de la ciudad, encomendada al general García Conde, fue vana, y cuatro días después los franceses entraron, como en 1707, por el arrabal de Magdalena, el más expugnable de todos. Según testimonio de Francisco Pinós, vecino de Lleida, la ciudad, convertida en cabeza del departamento de las Bocas del Ebro del Imperio Francés, sufrió a principios saqueos, violaciones, asesinatos y fusilamientos en masa, y culminó su desdicha el 15 de julio de 1812, cuando hizo explosión el polvorín, situado en el sótano de la Suda. Una de las vueltas del castillo medieval y las de la capilla real cayeron como una avalancha sobre el barrio de Magdalena y hundieron muchas casas. Las rocas también afectaron a la iglesia parroquial, que se derribó, y la Seu Vella, que salió muy dañada. La sacudida conmovió toda la ciudad. Bajo los muros derribados murieron sepultadas más de 500 personas. Tras la explosión, el mando francés emprendió la rectificación de los muros y baluartes, obra que fue una de las últimas realizadas bajo inspiración de Vauban. A toda prisa se construyó una muralla que, desde el Balcón de Pilatos (solar del antiguo Palacio del Obispo), bajaba hasta la calle del Carmen por detrás Santa Magdalena. La ciudad quedó disminuida, ya que dicho muro dejó fuera algunas casas del antiguo arrabal. Tras la ocupación francesa, siguieron varios años de buenas iniciativas, sobre todo en tiempos de los corregidores Adriani Escofet y De Aunós, que transformaron el arenal de Magdalena y la zona cercana al Pont Major en una vía moderna, llamada popularmente rambla de Fernando. Con la desamortización de 1835, las órdenes religiosas tuvieron que abandonar los conventos, los cuales el gobierno progresista destinó a utilidad pública. Así, el Roser es destinado en 1841 a Instituto de segunda enseñanza; en el convento de San Francesc se instaló la Diputación y el jefe político superior (1836); en los capuchinos, un manicomio; en los Descalzos se fundó la Casa de Misericordia y la Maternidad; La Mercé fue ocupada por una entidad política, y los conventos de los Agustinos y los Trinitarios fueron derribados para prolongar las calles de Caballeros y de la Pescadería respectivamente.

 

El siglo XX y los inicios del siglo XXI

 

 

Durante el presente siglo, la Segunda República, la dictadura franquista, precedida por la guerra civil de 1936-39, y la transición a la democracia, con la restauración de los partidos políticos, han sido los hechos más importantes vividos por la ciudad de Lleida. En 1931, el triunfo absoluto de la Juventud Republicana, adherida a la Esquerra Republicana desde marzo de ese mismo año, había sido el fruto de muchos años de lucha , bastante reflejados en el movimiento de la Solidaridad Catalana (1907), y en las campañas de Francesc Macià, candidato triunfante en el Segrià y las Garrigues, con el apoyo de la Cultural Catalanista, desde el semanario de Lleida "Cataluña" ( 1916). El 6 de octubre de 1934 acabó con el encarcelamiento de la mayor parte de los militantes del nacionalismo leridano, liberados tras el triunfo electoral del 16 de febrero de 1936. Los nuevos partidos de ideario marxista estaban reunidos en Alianza Obrera. La rebelión militar, en Lleida, se inició el 19 de julio de madrugada. Desde el comienzo, a manos de grupos de incontrolados armados, la ciudad sufrió una semana de terror con asesinatos de curas, frailes y gente de derecha, mientras que las iglesias eran incendiadas. Hasta los últimos días de 193 , que la Generalitat designó Francisco Viadiu como delegado de orden público, no se controló la situación. Cuando parecía consolidado el orden republicano, la ciudad se vio turbada por el bombardeo del 2 de noviembre de 1937, que ocasionó unas 300 víctimas y la destrucción de notables edificios como el Liceo Escolar. Todo hacía prever que el Segrià y su capital constituirían un próximo objetivo del mando franquista. Fue a comienzos de marzo de 1938 que el ejército del general Franco rompió las líneas del frente de Aragón, y el día 27 del mismo mes Lleida sufría un nuevo bombardeo. El ejército franquista entró en Lleida el 3 de abril y la población tuvo que soportar la estancia en una plaza sitiada, ya que las fuerzas republicanas permanecieron en la orilla izquierda del Segre hasta los últimos días de enero de 1939. Todo estaba preparado ya antes de entrar los franquistas en Lleida. Era la primera capital de provincia de Cataluña que ocupaba: se nombraron inmediatamente a las autoridades militares y civiles, la gestora de la Diputación, un ayuntamiento presidido por un oficial militar jubilado; los profesores del Instituto y de la Normal, la delegación de la Sección Femenina, el Tribunal de Responsabilidades, la Junta Depuradora de Funcionarios, incluso el obispo Moll y Salord, que debía suceder al doctor Huix i Miralpeix , que había sido asesinado. Eran los días 3-8 de abril, se abolió la Generalitat de Catalunya y se creó una comisión liquidadora  El 25 de junio, la gestora de la Diputación comunicaba la abolición del decreto del 23 de enero de 1932 de disolución de la Compañía de Jesús. Además se estableció el Juzgado, la Cruz Roja y el Primer Tribunal Militar con sus juicios sumarísimos. El ayuntamiento de Lleida, al constituirse de nuevo, no pudo ocupar la Paeria (que había restaurado el arquitecto Ramon Argilés y Bifet en 1930), ya que, como los otros edificios de la Banqueta, estaba en la línea de fuego. El municipio franquista anuló los vales y el papel de todo tipo que, durante el Bienio Rojo, había sustituido la moneda. Tampoco eran aceptados los billetes de circulación normal en la zona republicana. El único mercado que quedaba era el del Pla, ya que el de Sant Lluis se encontraba cerca del río y el de Magdalena, totalmente destruido, en medio de un despoblado. En Lleida, el Movimiento y la Iglesia, como en el resto de España, pronto llegaron a identificarse, si bien también hubo excepciones. Esta compenetración a todos los niveles es lo que ha dado en llamar el nacional: el sindicato vertical, el Frente de Juventudes, los colegios menores, el Auxilio Social, Educación y Descanso, la Sección Femenina, tenían sus consiliarios y asesores religiosos. La Acción Católica, la Adoración Nocturna, las congregaciones marianas, las juventudes Claretianas estaban formadas por jóvenes y hombres que en su mayoría estaban adheridos o eran militantes de la Falange Tradicionalista y de las JONS. Cada grupo tenía su periódico, diario, semanal o mensual. A pesar del nacional catolicismo, buena parte del movimiento resistencial de posguerra tiene su origen en organizaciones y grupos de filiación católica, que en un principio se añadieron a posturas afines al régimen para cambiar posteriormente (sobre todo a partir de los años 1950) y defender movimientos de izquierda y catalanistas desde sus sedes. Es el caso de la Acción Católica, que tiene un papel destacado en la formación de un incipiente movimiento sindical, sobre todo cobijado por la JOC y la HOAC, en los locales de las que se desarrolló, entre otras asociaciones, la agrupamiento local del sindicato clandestino Comisiones Obreras. Por su parte, las congregaciones marianas destacaron en la defensa de la lengua y la cultura catalanas y varias organizaciones parroquiales dirigidas a los jóvenes, y muy especialmente el movimiento scout, tuvieron un papel clave de resistencia antifranquista. Paralelamente, la sociedad civil leridana se fue dotando de instrumentos de expresión y de reafirmación. Destacó en este sentido la revista "Labor ", que salió entre 1953 y 1959 y que reunió en torno a Francesc Porta, su principal animador, un grupo de intelectuales y de profesionales que dieron fe de catalanidad, modernidad y de oposición al régimen en lo que entonces se podía decir o publicar. Desde finales de los años 1950, por una iniciativa privada de Jaume Magre, la Alliance Française, inicialmente una escuela de aprendizaje del idioma francés, se convirtió en un foco cultural muy relevante. Su director era también cónsul local de Francia y mantenía excelentes relaciones con lnInstitut Francés de Barcelona. Esta situación permitió a la Alianza jugar con una cierta ambigüedad que obstaculizó más de una vez el gobernador civil. En 1966 se publicó el libro Lleida. Problema y realidad, escrito por Josep Lladonosa, Francesc Porta , Simeó Miquel, Josep Vallverdú y Juan Gabernet. Se trataba de varios ensayos sobre la situación local realizados desde las perspectivas histórica, socioconòmica, cultural y religiosa y abocados a señalar la disfunción existente entre una situación económica de crecimiento y modernización y la atonía de la estructura social leridana, de sus órganos de gobierno y de la red civil. Este texto se constituyó no sólo en un diagnóstico sino en un punto de partida y de referencia fundamental para el renacimeinto posterior. Con estos precedentes, la historia socio-política del final de los años 1960 y hasta el fin del franquismo no difiere sustancialmente de lo que sucedió en muchos lugares del país. El movimiento sindical se fue fortaleciendo y también fueron perfilando y agrandando los partidos políticos valedores de la democracia. En el mundo cultural merece la pena destacar la existencia de la "Petite Galerie" (1968-74) , una realización más de la Alliance Française y que abrió el ambiente local al arte más vanguardista. Esta sala de exposiciones ha sido considerada posteriormente como una de las primeras salas de arte alternativas en Catalunya, donde expusieron los principales representantes de la pintura catalana contemporánea y que profundizó muy especialmente en el arte conceptual que, durante aquellos años, se abría camino en todas partes. Jaume Magre, el director de la Alianza Francesa, y los pintores Angel Jové y Albert Coma Estadella fueron los animadores y programadores de la sala. Sin embargo, hay que apuntar la importancia que tuvo en este mismo sentido y durante los mismos años la Delegación en Lleida del Colegio de Arquitectos de Catalunya. Después del franquismo, la ciudad ha experimentado transformaciones que se ha reflejado en numerosas actuaciones urbanísticas. En el plano político, desde las primeras elecciones democráticas del Ayuntamiento de Lleida ha sido gobernado prácticamente siempre por el PSC (PSC- PSOE): 1979 hasta 2003, bajo la alcaldía de Antoni Siurana, con la única excepción del período de 1987 a 1989, que fue alcalde Jaume Manuel Oronich y Miravet ( CIU) . Desde 2003 , es alcalde el socialista Àngel Ros.